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Página sin nombre
Uno de los anhelos más preciados de las familias empresarias es que sus hijos trabajen en la empresa. Muchas veces hemos encontrado esa pretensión de querer unir a todos los hijos tras un mismo escritorio, si se nos permite la analogía, pero en realidad lo que se debe hacer conscientemente, es generar más escritorios y tal vez no dentro de la misma empresa.
Los padres incentivamos a que nuestros hijos hagan deportes, individuales o de conjunto. En nuestra vida de acompañamiento en la evolución de las empresas familiares a familias empresarias nos hemos encontrado con muchos casos de este tipo: hijos que juegan fútbol, rugby o tenis. Hijas que hacen vóley, handball y tenis también. No nos olvidamos de los hobbies, del gimnasio y la danza como expresiones humanas de la personalidad.
Detectar la identidad laboral
Imaginamos que a esta altura el lector se estará preguntando hacia dónde va la columna con esta introducción. Sucede que luego de una pormenorizada investigación experiencial y comportamental, en nuestra disciplina, la Negociología, descubrimos que la zona de identidad laboral puede estar emparentada con la posición que uno ocupa en el deporte de conjunto o con el hobbie que se practica. También vale para los deportes individuales ligados al mejor golpe que uno tiene en el tenis, por ejemplo.
En nuestro paso por las empresas conocemos el caso de un ajedrecista, formado profesionalmente en el derecho, que demostró saber mover las piezas de manera estratégica y por ello hoy dirige la compañía. Hoy dirige la administración y finanzas de la empresa familiar una hija artista plástica que se preparó en administración y en finanzas que se capacitó y ahora puede comandar a su contador y equipo. Claro, ella sabía manejar el dinero de la familia pues ese rol le tocó desempeñar mientras crecía cuando papá y mamá trabajaban.
Un caso especial
Curioso fue el caso de dos hermanos que jugaban al fútbol en el mismo puesto, el número uno, el arquero. A poco de desandar el camino de las capacidades logradas además de las estudiadas en la facultad- que se pueden implementar en el campo empresarial, descubrimos que ambos no podían estar en la misma empresa a partir de la simple deducción de que no hay dos arqueros en un equipo de fútbol.
Entonces ¿quién queda? se preguntaron en la familia. Nosotros, cambiamos la pregunta:- ¿Cómo hacemos para tener dos equipos, jugar distintas ligas y competir en diferentes campeonatos?
- Entonces ¿qué deberíamos hacer?, nos preguntaron.
- Pensar bien la cosa para no dividir la familia y responder de manera adulta-, fue nuestra respuesta. Por qué no aplicar sus conocimientos en administración de empresas en otros campos.
Pues bien, vamos al comienzo de la nueva historia para no incurrir en tanto detalle: hoy uno de los hermanos conduce la empresa autopartista y el otro una compañía de construcciones. Ambos felices de atajar penales y comenzar jugadas de negocios que aportan a la familia empresaria progreso y bienestar.
El padre, más que contento, pasó a ser el dueño del club que siempre quiso tener, pues también jugaba al fútbol como centrocampista parando el juego de los contrarios y distribuyendo el balón hacia los demás compañeros; ese es, precisamente, su trabajo hoy en la familia empresaria.
(*) Director general de Walter Brizuela & Asociados - Consultoría en negocios familiares - wbrizuela@walterbrizuela.com - www.walterbrizuela.com -
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