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  Cuando el hábito hace al monje disminuyen los accidentes
  Autor: Gladys Cogo  Fecha:30/05/12

Cuando el hábito hace al monje se genera una fuerza multiplicadora imparable; se convierte en una progresión geométrica cuyos factores van aumentando por cada línea nueva que se genera.
 


Página sin nombre

El refranero popular reza “el hábito no hace al monje” para simbolizar que una persona no cambia sus convicciones o sus pensamientos a pesar de lo que se ve desde afuera o de lo que quiere mostrar. Pero cuando hablamos de los hábitos que hay que vestir para hacer prevención (técnicas y procedimientos tendientes a evitar accidentes y enfermedades laborales), al cabo de un tiempo el refrán se revierte y el hábito convierte al hombre en un verdadero monje.
¿Cómo es esto? Cuando un empresario y su grupo de colaboradores de todos los niveles comienzan a ver los resultados positivos de implementar, muchas veces a regañadientes, un sistema de gestión de seguridad y salud ocupacional y cuidado del medioambiente, se van encarnizando con estos procedimientos y llega un momento en que se convierte en un hábito, tan positivo y tan arraigado, que se propaga hacia afuera de la empresa con la convicción de hacer prevención en todos los ámbitos sociales y mucho más aún, tratando de convencer a los que aún no lo han hecho....

Como una cadena de favores
Cuando el hábito hace al monje se genera una fuerza multiplicadora imparable, se convierte en una progresión geométrica cuyos factores van aumentando por cada línea nueva que se genera. Recuerdo una película, “Cadena de favores”, en la que Eugenio Simonet, un profesor de sociales de 7° grado, con cicatrices en su rostro y también en el alma, al comienzo del ciclo le asigna a sus alumnos una tarea para resolver al final del curso. La consigna consiste en buscar métodos para mejorar al mundo, o al menos a la comunidad donde viven. Trevor McKinney, toma muy en serio la propuesta, y pasa el año pensando, observando a su alrededor, y nota que la gente es indiferente a las necesidades de sus vecinos. Entonces inventa un sistema ingeniosamente simple: su idea consiste en ayudar a tres personas en algo que no podrían lograr por sí mismos, y en lugar de que el favor le sea devuelto a uno, cada una de esas tres personas deben ayudar a otras tres personas y así sucesivamente. Para sorpresa de todos, la desinteresada propuesta causa furor entre la gente. El método utiliza el 3 como factor multiplicador, o sea 3, 9, 27... Imagínese querido lector, si hace una cuenta muy sencilla, en seis repeticiones obtiene 243 favores y en diez repeticiones ¡se obtienen 19683 favores!
La fuerza multiplicadora
Volviendo al hábito del monje, es igual a la cadena de favores. Implementar un procedimiento seguro de trabajo, al principio es resistido tanto por directivos como por usuarios, argumentando pérdida de tiempo o de producción, tiempos muertos y no sé cuántas excusas para justificar dicha resistencia.
Luego, a medida que pasa el tiempo, se observa que los accidentes y enfermedades laborales van disminuyendo, que la tarea se ve más organizada y más aún, que la producción aumenta. ¡SI!, la producción aumenta, porque el mismo procedimiento, cuando está bien desarrollado, no sólo describe una tarea segura sino también una tarea que asegura la calidad del producto, por lo tanto hace más eficiente la forma, la manera de realizar el trabajo y además compromete y predispone mejor a los trabajadores.
Entonces, cuando todos ven estas ventajas, comienza la fuerza multiplicadora, se inicia la cadena de mejora continua en todos los niveles y sectores de la empresa, y de allí hacia afuera, hacia la comunidad porque “el monje está convencido plenamente de su hábito”. Además, como beneficio colateral, la empresa comienza a tener una imagen que sobresale sobre el resto de sus competidores, y ¡es gratuita!!!

Una cuestión de perseverancia
¿Por dónde comenzar entonces? Primero deben concientizarse las altas esferas de la empresa, de esto dependerá el éxito o fracaso de la gestión. Hace unos días, estando en una de las obras de construcción que asesoro, un par de obreros trabajaba en el armado de los encofrados para hormigonar y no se habían puesto sus cascos. Les pedí que se lo colocoran, argumentando que podían sufrir algún golpe y de esa manera no se lastimarían. Uno de los directivos de la obra me comentó, en forma apartada, que esa tarea no tenía riesgos de que cayera algún objeto sobre la cabeza y tampoco de sufrir golpes en el cráneo.
Era cierto, pero si se permite trabajar sin el casco, no se está contribuyendo a generar el hábito, y en una construcción el hábito tiene que ser colocarse el casco cuando llegan y quitárselos cuando se van, porque son muchas y variadas las tareas que deben hacer y son muchos los lugares y situaciones con riesgos de golpes en la cabeza. Entonces debí explicar nuevamente a los directivos los beneficios de la Seguridad e Higiene y recordarles que son ellos los que deben dar el ejemplo.
No es fácil estimado lector, lo sé, pero la perseverancia es lo que me caracteriza... y mi objetivo es hacer de mis clientes excelentes monjes.


Gladys Cogo
consultora en Higiene y Seguridad Ocupacional y Medio Ambiente. Email: Info@glacogoconsultora.com.ar



 
   
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