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  Productor de garbanzo en Cañada de Gómez
    Fecha:08/05/12

Ante las limitaciones en la comercialización de trigo, un productor diseñó un planteo sustentable donde incluyó garbanzo.
 


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En todas las inversiones agrícolas siempre existen riesgos, y la mejor forma de minimizarlos es la diversificación. En este punto, el cultivo de garbanzo no deja de resultar apropiado y tentador, siendo una especie con capacidad de adaptación a escenarios agroclimáticos muy variables. En ese sentido, se observa un crecimiento rotundo del área nacional respecto a su superficie, tratándose de un cultivo invernal que permite alternar la rotación y aumentar los ingresos de la empresa agropecuaria.
El sector se caracteriza por la gran diversidad de agentes que actúan en toda la cadena mediante integraciones verticales hacia adelante y hacia atrás, llegando en algunos casos directamente hasta Brasil.
La Argentina era un neto importador de garbanzos, pero en la actualidad ha logrado revertir el saldo comercial. Si el país supera una serie de limitantes en la cadena productivo-comercial, estará ante una gran oportunidad de participar del mercado de América Latina, que importa anualmente más de 20 mil toneladas, aunque la mayor parte de la producción nacional se destina a mercados de Asia, Europa y Países Árabes. Localmente, el garbanzo se consume como grano seco, pero su harina se encuentra en franco crecimiento, fundamentalmente por la difusión de la fainá y del consumo de platos étnicos.
Marcelo Chinchurreta, es productor agropecuario de la localidad de Cañada de Gómez y con 45 años, decidió experimentar con un cultivo invernal distinto y rentable. Todo comenzó como una gran curiosidad y observando los buenos resultados obtenidos y registrados en varias zonas del país -y a pesar que sus primeras pruebas fueron fallidas- decidió incursionar con sólo 16 hectáreas que implantó en su establecimiento familiar, ubicado al noroeste de la ciudad santafesina.
“La primera vez que hicimos garbanzo fue un desastre”, comenta el entrevistado en diálogo con Nuevo ABC Rural. Chinchurreta, sostuvo que en esa oportunidad, principalmente por falta de experiencia “tuve que secar lo que había nacido por que no era rentable cosecharlo; no adoptamos los planteos tecnológicos que conviene introducir, como inoculación y fungicidas y todo salió mal”.
No obstante, en la última campaña, al observar detenidamente los buenos rendimientos de los cultivos de verano sobre garbanzo, tomaron la decisión de sembrarlo nuevamente. “Obtuvimos un gran resultado que nos dejó muy satisfechos y con ganas de aumentar la producción”, enfatizó el productor, quien comparte en sociedad con su hermano el trabajo de cada zafra.

Experiencia con
maíz de segunda
El suelo donde fue implantado el garbanzo, según análisis realizado por el centro Cañada de Gómez de Agricultores Federados Argentinos (AFA), fue clasificado como Agriduol típico, con un índice de productividad del 95% y fue sembrado sobre rastrojo de soja.
“Previamente a la siembra pasamos una rastra de conductividad eléctrica Veris, que nos brindó datos precisos para introducir el cultivo”, comentó Chinchurreta. Los datos que arrojó ese análisis, en principio, fue que la cantidad de agua útil total en el perfil, era de 150 mm al metro de profundidad para dicha fecha. Además, determinó cantidades de fósforo de 0 a 20 cm. y 25 a 10 ppm de azufre, siendo valores relativamente altos de nutrientes.
“En presiembra el día 12 de mayo se realizo un barbecho químico con 0,6 lts/ha de Imazetapir al10 % (pivot) en conjunto con 3 Lts/ha de glifosato. Luego el 31 de mayo se efectuó la siembra a 35cm entre surcos, con una densidad de siembra de 37 semillas por m2, disponiendo de muy buena humedad edáfica en ese momento”, continuó el productor.
Además, aseguró que el maíz de segunda sembrado sobre el garbanzo cosechado está en “muy buen estado”, ayudado por las precipitaciones ocurridas en los primeros meses de 2012.
Rentabilidad
Según el productor, es difícil discutir la rentabilidad garbanzo/soja o garbanzo/maíz. “Esta legumbre tiene muy buena rentabilidad por sí sola, inclusive por encima de otros cultivos; si le sumamos soja o maíz, creo que la combinación es perfecta”, manifestó. Sin embargo, para que el precio del garbanzo esté alto para el productor, se tiene que dar una serie de factores que se relacionan con los estándars comerciales del cultivo que se exigen para la exportación.
“La calidad debe ser óptima, de lo contrario, las empresas que exportan la producción disminuyen su precio, por eso quienes lo implantamos debemos realizar las mejores prácticas agronómicas”, aclaró.
En relación a la coyuntura de mercado, Chinchurreta no considera que una siembra masiva del cultivo baje fuertemente el precio del garbanzo. “Siempre y cuando tengamos buena calidad, el precio se mantendrá firme, aunque la superficie en la Argentina se incremente, dado que existe la posibilidad de abrir nuevos mercados”, advirtió el entrevistado, quien además aconsejó: “Los productores que se inician con garbanzo deben ser mesurados y no salir a implantar el cultivo de forma extensiva, sin conocer los detalles comerciales y de producción”.





 
   
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