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Página sin nombre

“El mundo no fue lo mismo sin mujeres. Cuando empezaste esta aventura de ser Mujer, no tenías ni idea de las increíbles satisfacciones y de las dolorosas pruebas que te esperaban. Tampoco sabías cuánto necesitarían las unas de las otras”, afirma María del Carmen Valerio, autora del libro recientemente publicado La proeza de estas mujeres y “una lucha a brazo partido”, en el cual narra historias de Mujeres Agropecuarias en Lucha de la Región Pampeana: una identidad silenciada.
Los seguidores de mi columna, han leído más de una vez referencias al rol de la mujer en el Turismo Rural. Un eslabón fundamental en la cadena de emprendimientos, atractivos y actividades que favorecen el desarrollo local de innumerables zonas rurales. Pero también existen otras mujeres que han dedicado su vida a recorrer el campo, visitar sitios recónditos de nuestra querida Argentina y escuchar historias de vida.
Yuyú Guzmán es una pionera en relatar la vida en las Estancias -así, con mayúsculas- esas magníficas extensiones de tierra donde, a través del tiempo, se tejieron cientos de historias de bonanza pero también de sacrificio y sinsabores. Según esta exquisita señora, de mirada tierna y palabras medidas, “las estancias argentinas son un poco parecidas porque están insertas en un paisaje más o menos similar, pero cada una de ellas diferente a todas”. Una verdadera apasionada por el campo argentino, ha franqueado muchas tranqueras con su grabador y su cámara fotográfica, para describir fielmente la infraestructura encantadora e inigualable de las estancias argentinas.
Félix Luna en su decir asegura que “el secreto de cada estancia es como el que guarda y preserva cada familia: vidas y trabajos, triunfos y fracasos, orgullos y vergüenzas, momentos lindos y tristes, prosperidad y pobreza” y desde el año 1968 Yuyú Guzmán, nacida en Tandil, ha dedicado años a la investigación y publicaciones en diarios y revistas, como así también ha llevado adelante su programa en TV documental “El país de las Estancias”, que actualmente se emite por Canal Rural.
Su primer libro titulado “Estancias de Azul” se publicó en 1976 con el afán de promover los valores “tierra adentro”, cultivar las tradiciones rurales de esa tierra de la pampa que, en la comarca en que nació y se crió la autora, tiene el capricho de disfrazarse de sierra. Podemos decir que esta obra encierra un recorrido por distintas estancias de Azul, cada una con sus características propias y sus anécdotas atrapantes.
Como en un caleidoscopio
“La Colorada”, por ejemplo, está ubicada en el corazón del paraje del mismo nombre, en las afueras de la ciudad de Azul. Como todas las estancias de su época, tenía el casco rodeado de un foso para protección, ya que los indios pedigüeños que vivían en la zona de Nieves solían acechar la estancia. En los terrenos, se encontraba el almacén del mismo nombre, sobre el camino a Olavarría; allí todavía se reúnen los hombres del lugar para comentar las historias locales y saborear una copa al paso.
Viajando por la ruta 60, viejo camino azuleño que lleva a Rauch, se pasa por una tranquera con un cartel que dice “La Josefina” y una larga hilera de eucaliptos la une con el casco de la Estancia así llamada. En 1903, un vasco llamado Martín Villanueva la funda en homenaje al nombre de la esposa del patrón, Josefa Senosiain. Hombre de personalidad fuerte y generosa, se afincó en la pampa aceptando de inmediato las costumbres criollas hasta convertirse en un gaucho más.
El casco de “La Josefina” tiene un estilo arquitectónico simple, con grandes habitaciones de techos altos y algo oscuras, con puertas de dos hojas que abren hacia una galería que da a un patio sencillo, con una vieja magnolia que embellece el lugar de estilo franco e ingenuo. Otras estancias que describe Yuyo en este libro, con su estilo claro y sentimental, son la “Fortín Irene”, “San Ramón de Anchorena”, “La María Haydee” y “Cerro Negro” entre otras muchas atractivas y con impronta de inmigrantes.
En Tandil
En otro de sus libros “Las Estancias del Tandil” que incluyó dos tomos, afirma que una de sus motivaciones fue el temor a que las casas de tranqueras adentro corrieran el riesgo de olvidarse. Es por eso que continúa documentando extensos recorridos por caminos de tierra del partido de Tandil, polvorientos caminos de la memoria. No olvida esta cálida y observadora escritora, la platería inglesa, la ebanistería y la porcelana que añejaban tardes de té bajo glorietas y verandas. Momentos que instaló en la memoria escrita y puso al alcance de la emoción. Estancia “La Merced” perteneció a Juan Bautista Peña, descendiente de una familia muy antigua del Río de la Plata, quien ocupó diversos e importantes cargos públicos. Él tuvo 15 hijos y uno de ellos, Juan Gregorio, heredó la estancia de dos plantas, con paredes de piedra que le otorgan carácter de fortaleza y techos afrancesados que actualmente han desaparecido. Con alrededor de 20 habitaciones, la casa tiene detalles arquitectónicos y ornamentales propios de las grandes mansiones de entonces. Varias estatuas muy bellas que adornan el amplio parque le dan carácter de opulencia y categoría, reflejando un pasado de gloria económica. Otras estancias mencionadas en este libro son “Rancho la Pola”, situada en tierras que originalmente pertenecieron a La Merced. Esta residencia campestre es baja y alargada bajo una arboleda muy frondosa de largos troncos. Poco después de su inauguración, allá por el año 1965, el conocido artista plástico César Bustillo, hijo del famoso arquitecto Alejandro Bustillo, la visitó y dibujó una casa criolla a la cual llamó El Ranchito, y que se ubicó lejos de la casa principal. Con cuartos de adobe, paredes anchas y bajas y techo original de paja fue utilizada con los años para disfrutar de exquisitos asados y homenajear las tradiciones camperas. Estancia “La Calandria”, “Napaleofú” en honor al arroyo que riega sus tierras, “La Posta”, “Indiana” y ”Cerrillada” son algunas más de las nombradas y descriptas con total calidez por Yuyú. Resuenan en las páginas de este libro, apellidos reconocidos como los Pereyra Iraola, los Santamarina, los Miguenz y tantos otros que poblaron esas tierras y tejieron cientos de historias con sabor a campo.
“Cuando empecé a interesarme, hace varias décadas, en la estancia argentina, éste era un tema poco divulgado. Ahora hay varios libros al respecto, y los establecimientos rurales van dejando su secular aislamiento para abrir sus tranqueras al visitante. Entonces, me agrada sentir que fui una de las pioneras en el tratamiento y en el goce del turismo rural, un feliz hallazgo en las entrañas pastoriles del país de los argentinos” afirma Yuyú, a quien le agradezco su amistad y felicito por la silenciosa labor que resuena en cada libro publicado, verdaderas obras maestras que invito a leer.
¡¡¡Con todo mi cariño y admiración te saludo querida Yuyo!!!
Bettina Cucagna - Alta dirección en Turismo Rural. FAUBA- E-mail: perlitasrurales@yahoo.com.ar
En la próxima edición: Nota II. Estancias de Salta, Córdoba, Misiones y Mendoza.
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