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En el sur y el centro de la región agrícola núcleo, se detectó presencia y ataques de orugas medidoras -Rachiplusia nu-, en la mayoría de los lotes implantados con soja de segunda o bien con siembras tardías. Según un informe emitido por el INTA Marcos Juárez, durante esta campaña “las poblaciones llegaron a la zona un poco más tarde que en otros años, pero con bastante intensidad, sobre todo en cultivos de soja de segunda”. Se identifican larvas pequeñas y medianas, por lo que se sugiere monitorear lotes con las características mencionadas ya que se estima que la plaga continuará presente en campos de la zona por varias semanas.
“Las larvas son de color verde claro y verde oscuro, se las identifica fácilmente ya que caminan como si midieran el camino. Se dispone de una amplia lista de productos registrados para el control de oruga medidora en el mercado, y es muy importante realizar controles en horarios de menor temperatura durante el día”, afirman desde el organismo. En ese sentido el umbral recomendado por los especialistas para comenzar con las aplicaciones es de 8 a 10 orugas por metro lineal.
Reconociendo la existencia
Las larvas de esta especie alcanzan un tamaño máximo (en el sexto estadio) de 30 a 35mm. El color de las orugas varía de amarillento a verde claro y negro. Es característica una serie de bandas dorsales finas, longitudinales, claras y oscuras, con bandas laterales de color blanco. Las larvas se transforman en pupas en el suelo, en celdas de tierra, y luego de 10 a 15 días emerge el insecto adulto, de hábito nocturno, con manchas y bandas en las alas. Reiniciando el ciclo, cada hembra puede oviponer 1000 a 1200 huevos, en forma aislada, en los brotes terminales.
“En las plantas menores a 10cm de altura esta plaga consume, con preferencia, brotes y tallos tiernos. En este caso, la planta puede recuperarse emitiendo brotes axilares, hecho que origina plantas más bajas que lo normal”, argumentaron los referentes del INTA.
En el momento de formación de las vainas, el insecto las destruye parcial o totalmente, o bien las perfora, para consumir el grano en formación. “En estos ataques-continuaron- la oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) y la oruga de la espiga del maíz (Heliothis zea) pueden atacar en forma conjunta”. No obstante, la Helicoverpa en soja, se presenta en bajas densidades (3 a 10 larvas/m de surco) pero, el tipo de daño provocado perjudica mucho al cultivo.
Control químico
Existe en el mercado una alta gama de insecticidas registrados para el control de la oruga bolillera en soja. Dicho control no presenta dificultades durante la primera etapa de desarrollo del cultivo, pero la situación es muy diferente en el estado reproductivo, por la ubicación de las orugas. “Protegidas por el sistema foliar y las vainas del cultivo, se recomienda en estos casos, adoptar las máximas dosis recomendadas y buena calidad de aplicación, según la receta emitida por el agrónomo asesor”, evaluaron desde el INTA.
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