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El cuchillo criollo

Uso, orígenes y clasificación.

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Buenas y con licencia... aparceros:
Si usted es de las personas que mes a mes nos dedica un ratito de su tiempo, leyéndonos, habrá advertido que venimos refiriéndonos en «mateadas» anteriores a las botas de potro, a las espuelas, al tirador, la rastra, el rebenque y otras características «pilchas» del ajuar del gaucho. Hoy creo que es el momento de hablar de un objeto, prenda, instrumento útil o arma eficaz…el más valioso e insustituible complemento del hombre campero: el cuchillo.
Y en rigor de verdad fueron, en principio, dos cosas las que incidieron para que fuese ahora y no antes a que me decidiera. La primera: fui dejando exprofeso el tratamiento del tema del cuchillo criollo, pues no es tarea fácil. La segunda: es que por estos días y a diferencia de tiempos anteriores, en que existía una escasa y no siempre buena bibliografía, hoy, quien se sienta atraído por las «armas blancas» (así se las denomina) y especialmente el cuchillo criollo -prenda clave del paisano ya que podemos concebir un gaucho de «a pie», pero no sin cuchillo- dispone, por suerte, de una obra completísima. Tal es el caso de las obras «Del facón al Bowie» y «Dagas de Plata», cuyo autor y amigo, el doctor Abel Domenech quien, tras larga y paciente tarea investigativa y de recopilación, ha puesto al alcance de cualquier interesado ese material... Con semejante amigo y ante tal obra yo, modestamente, “trataré de salvar la ropa» en esta entrega, sin perder de vista que «el patrón de las casas» me distinguió el año que pasó (Nuevo ABC Rural - Año V – Nº 53/Julio 2006), para que “charlara» sobre su obra, con quien es hoy por hoy, la mayor autoridad en el plano internacional sobre el tema.

Prenda predilecta, instrumento útil y arma vital
Ha sido y es prenda de lujo el cuchillo criollo. No se conoce un paisano que no se empeñara en poseer uno de «marca mayor», hecho del mejor acero y adornado con la más fina y sobria platería; esto es innegable como su herencia hispano-flamenca, por las características propias del arma, la forma de portarlo: en la cintura y con el mango asomando para el lado de su mano hábil; en la zona inguinal...el útil y pequeño «verijero» y en la caña de la bota, un también corto y afilado cuchillo «capador» (de castrar). Fue y es su más valioso complemento, es ¿cómo decirlo ? parte de su propio ser, bajo cualquiera de sus formas, variedades o tipos. En mi concepto, imaginar un gaucho sin cuchillo es, cuanto menos, utópico; podríamos, exagerando, pensarlo sin caballo, y esto sí es aceptable...pero no sin cuchillo, porque el cuadro nos mostraría un hombre con uno de sus brazos amputado...sí, así como suena.
¿Sabe usted, amigo lector, que escribió sobre el particular «El maestro de América» Don Domingo Faustino Sarmiento, en su obra «Facundo»?. «El cuchillo, a más de arma, es un instrumento que le sirve para todas las ocupaciones; no puede vivir sin él; es como la trompa del elefante, su brazo, su mano, su dedo, su todo»(sic), y no se equivocaba el gran sanjuanino ¿sabe porqué?. Porque el cuchillo era «su compañero», más que el caballo, más que el mate, que «las bolas», el lazo o el poncho... pues con cuchillo y sin caballo, no le era difícil obtener «un bagual» (cimarrón/silvestre), pero sin «su arma», la situación era triste y lamentable...
Su cuchillo fue y es todo para el paisano: para comer, con él, cortaba y trinchaba, lo usaba como mondadientes, desvasaba y recortaba los vasos (cascos) del caballo, cortaba paja para el rancho, recortaba la cola y tusaba su caballo, se recortaba el propio cabello, carneaba y cuereaba un animal. Era herramienta principal en sus tareas de «soguero» (artesanía en cueros)... y formidable arma defensiva u ofensiva; del cuchillo hizo un culto, al punto que creó un particular estilo de pelea «a cuchillo», más tarde reconocida como «esgrima criolla». Le sirvió además para luchar con las fieras de la pampa, como leones (pumas), tigres (jaguares) o los feroces «perros cimarrones»...y aunque cause una impresión un tanto horrorosa, antes situémonos en aquellas épocas: con ese mismo cuchillo, en un acto misericordioso y bárbaro, hecho que era aceptado entonces, practicó lo que se dio en llamar «el despenamiento»(de ultimar un semejante) o «hacer la obra santa».
¿Y que es esto?.puede decir usted. Para entenderlo yo lo invito a que ponga atención y analice lo que sobre esto nos dice José Ingenieros: «Tenía el gaucho, asímismo, un bárbaro y antiguo concepto del valor, del dolor y de la muerte. Auxiliar a un herido o ayudarlo a bien morir, despenándolo, era un principio de aceptada humanidad que define un caso de atavismo moral, determinado por circunstancias mesológicas y sociales equivalentes»... O lo que narraba sobre el tema Don Roberto Cunninghame Graham: «También se cuenta que un gaucho, viendo que su hermano sufría y gemía por fiebre reumática, sacó el cuchillo, lo tomó de las barbas y lo degolló, para que dejara de sufrir»... ¿con qué otro elemento que no fuese el cuchillo, podría el gaucho realizar ésta para él, truculenta pero necesaria tarea?
Característica y clasificación de los distintos cuchillos criollos
Para ser lo más didáctico posible, y porque además las fuentes ya mencionadas me permiten, mediante la consulta, desarrollar las características más salientes de los distintos tipos de cuchillos criollos, comenzaré así:
- Puñal: (arma de puño) la forma de su hoja es triangular y lanceolada; ostenta un solo filo, puede tener un corto contrafilo o chaflán en su punta. No posee defensa (guarnición o gavilán), sí posee «botón»; el origen de las hojas de estos «puñales» era europeo (Alemania, España, Francia e Inglaterra).
- Cuchilla: presenta una hoja ancha, el lomo es recto, el filo curvo y «panzón»(como de «preñez», por su condición femenina), el filo es curvo y en un solo lado, no tiene defensa y el origen de las hojas es idéntico al del puñal.
- Facón: su hoja es larga y delgada, punta muy aguda, hoja obtenida de restos de sables o bayonetas. Tiene un solo filo y puede presentar «contrafilo» en la punta; ostenta «defensa», grande o chica, recta, en forma de «S», «media luna» o en forma de «U», o con forma de «crucero». El origen de las hojas, era de descarte de grandes armas de pelea, aunque también los importadores trajeron hojas especiales para éste tipo de cuchillo.
- Daga: de hoja similar a la del facón, obtenidas de espadas o sables rotos, presenta doble filo siempre, siendo su defensa también similar a la del facón, otras veces solo tiene un corto «crucero» siendo sus hojas del mismo origen que las del facón.
- Cuchillo de campo: su hoja es similar a la del puñal. Posee espiga completa y puede ser encabado con cachas de madera, astas de ciervo, hueso o «guampa vacuna» (astas). Presenta un solo filo, y no tiene defensa, posee virola y pomo remachados, en bronce o alpaca; por lo general las hojas fueron importadas de Alemania, Francia E Inglaterra. Por lo aguda de la punta de su filo, el paisano suele denominarlo como «cuchillo macho».

BREVE CLASIFICACION DE CUCHILLOS CRIOLLOS. (De izq. a der.):
(1) Facón con cabo y vaina tejidos en cuero crudo, importantes aplicaciones de plata; muestra defensa en «S». (2) Daga de plata con vaina de suela, presenta defensa «crucero». (3) Gran Facón de plata, cabo de ébano, hoja de 0,31 cmts. marca «Arbolito» (Solingen-Alemania), vaina de fina suela negra, muestra filo y contrafilo (chaflán) y «botón». (4) Cuchillo de trabajo (macho), de espiga entera, encabado con «cachas» de madera, con remaches de bronce, tiene vaina de cuero crudo con tejido lezna y monograma. (5) Cuchilla de trabajo (panzona-hembra) de espiga entera, encabada con «cachas», de asta de ciervo, remaches de bronce, vaina de suela (sin teñir), recordemos que los Nº 3, 4 y 5, no poseen «defensa». (6) Gran facón caronero (se portaba en las caronas del apero), su hoja procede de un sable de caballería, roto, está encabado en marfil, sobrias aplicaciones de plata, vaina de cuero crudo tejida a lezna y aparte del monográma, se destaca su gran defensa en «U» o «media luna».
En la parte superior de la foto vemos: (7) Pequeño cuchillo «verijero», encabado con «guampa» de ternero, vaina de cuero crudo, que remata con un pasador de plata. (8) Pequeño cuchillo “capador», encabado en madera, espiga entera, remaches de acero, vaina de cuero crudo y de muy buen filo el cuchillo.
En la parte inferior de la foto vemos: (9) Antiguo puñal, de hoja europea, cabo y vaina de plata y suela, sin defensa (fue usado en la zona urbana, «calzado» en el chaleco del traje). (Todas estas armas blancas, pertenecen a la colección particular del autor de la nota).

De cuchillo, hospitalidad y generosidad
Sobre lo hospitalario que ha sido y es nuestro hombre campero, no hay dudas... Del rancho de un criollo, jamás se iría un conocido o extraño sin que se le ofreciera cobijo, pitanza completa y hasta la remuda de caballo. Paralelamente ligado a eso, su generosidad era y es emblemática, a tal punto que quien llegara a ponderarle una prenda, sabía que detrás de eso ya venía el consabido: «Yevelá amigo... es suya». Eso siempre y cuando no fuese un cuchillo, porque siendo nuestros paisanos tan supersticiosos, creían que ofertar o recibir un cuchillo en obsequio traía mala suerte, y más tarde o más temprano, se quebrantaría la amistad... «hasta el día de hoy, mocito» (sentenciaba mi abuelo)...» si a usté le regalan un cuchiyo, pa’ que no haiga, alegación o destrato»...lo mejor es dar una moneda a cambio, por chiquita que fuera... referido, claro, al valor nominal de la moneda, esto por lo menos libera de ciertas malignidades. Permítame cerrar este trabajo con unas décimas de un gran poeta bonaerense, Don Pedro Risso, también muy querendón del cuchillo.
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Desenredando el ovillo / de mi saber tan escaso / busco la luz de un chispazo / para evocar al cuchillo. / Al de trabajo, al sencillo / que en nuestra inmensa campaña / al hombre gaucho acompaña / llegando a tal su lealtad / que en gestas de libertad / juntos marcaron su hazaña.
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A cuchillo, es muy usual / en el hombre bien campero / desvasar un parejero / y sangrar un animal. / Cuerear, hacer un ojal, / el sacar lonjas frecuente, / y al churrasquear diariamente / alrededor del fogón, / usa su punta el patrón / a modo de escarbadiente.
Hasta la vista… paisanos.

Fuentes: «Dagas de Plata» de Abel Domenech.
«Pilchas Criollas» de Fernando Assunçao.
«Vocabulario y Refranero Criollo» de Tito Saubidet.

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