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CRÍA DE CODORNICES - Volando bajo se puede apuntar muy alto

La cría de codornices es una producción alternativa que ocupa escaso espacio físico, requiere poca inversión con rápido recupero y otorga interesantes ingresos adicionales.

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A la hora de embarcarse en una actividad no tradicional, la mayoría de los pequeños emprendedores –ya sea en forma individual o como grupo familiar- buscan ingresar en un negocio que se amolde a sus posibilidades económicas, de espacio y capacidad de manejo, que normalmente suelen ser muy acotadas. A esto se le suma la necesidad de obtener un ingreso a corto plazo, al menos como aliciente para sostener la economía del hogar, cuyos números se engrosan cada vez más.
En este caso, la cría de la codorniz, especialmente para la obtención de huevos, es una producción alternativa que se ajusta perfectamente a los requerimientos mencionados y tan difíciles de obtener. Se trata de una actividad que puede iniciarse con escaso capital de inversión, el cual se recupera rápidamente, brindando interesantes ingresos adicionales y ocupando poco espacio físico. Puede involucrar desde una pequeña explotación familiar, como complemento de ingresos, hasta convertirse en una producción industrial con miles de aves en producción.
En la Argentina actualmente existen muy pocos criaderos de más de 10.000 animales, ya que el 80% de los productores cuenta con un plantel de entre 500 y 1.000 codornices (con 400 se cubren los costos), instalaciones sencillas y escasos conocimientos técnicos.
Si bien la venta de huevos o carne de codorniz es limitada como destino al consumo familiar, existe una demanda insatisfecha para servicios de lunch, confiterías, restaurantes y hoteles de categoría.
Los huevos de codorniz cuentan con alto valor nutritivo en proteínas, vitaminas y minerales y bajo colesterol; mientras que su carne se caracteriza por el elevado contenido de proteínas y aminoácidos.

Producir en el conurbano bonaerense
En pleno conurbano bonaerense, en la localidad de Sourigues, partido de Berazategui, en el límite con el distrito de Florencio Varela y a metros del Camino General Belgrano, en la zona sur, funciona un establecimiento que desde hace 25 años se dedica a la cría de la codorniz. Si bien antaño el partido de Berazategui supo ser una suerte de gran estancia, la llegada de la industria vidriera entrado el siglo XX, cambió totalmente la fisonomía de aquel pequeño poblado rural, erigiéndose en pocos años en un distrito industrial y densamente poblado al igual que la mayoría de los alrededores de la ciudad de Buenos Aires.
Las características de la zona, donde los edificios industriales contrastan con viviendas que van de clase media a baja conformando la gran urbe, supone que el emplazamiento de un emprendimiento productivo avícola es muy complicado, imaginando grandes galpones en una importante extensión de terreno. Pero para realizar con éxito la cría de la codorniz, esa realidad es muy diferente, tal cual lo comprobó Nuevo ABC Rural durante su visita al establecimiento avícola “La Jacinta” en Sourigues, Berazategui, donde viajó para conocer en detalle los pormenores de esta alternativa productiva.
“Es una actividad viable, que se adapta a las necesidades de quien la practica, porque se puede realizar con poco dinero, y a los dos meses de tener el plantel, éste comienza a producir huevos, que es el principal objetivo del emprendimiento”, resumió el ingeniero zootecnista Alejandro Burdisso, socio gerente de “La Jacinta” y consultor en codornices. Burdisso hace 25 años se inició en la cría de estas pequeñas aves por hobby, para luego ir perfeccionándose en la producción a través de su estudio.

Instalaciones pequeñas y sencillas
El establecimiento “La Jacinta” cuenta con unas 600 aves en producción y por su tamaño y sencillez permite visualizar rápidamente el “estilo” de los criaderos de codornices y su fuerte arraigo a los grandes centros urbanos, donde se encuentra el principal destino de sus productos.
“La cría se realiza en espacios muy pequeños, ya que es muy intensiva, disponiéndose el animal en jaulas apilables de cinco niveles, logrando colocar 80 animales por m2 por nivel, o sea 400 por m2 en total”, aseguró Burdisso. “En mi caso particular utilizo la codorniz europea porque -a diferencia de la japónica- su conversión alimenticia es más eficiente y su tamaño de huevo es mayor, lo cual hace mucho más atractivo el negocio”, apuntó.
Estos animales requieren 16 horas de luz en postura, por lo que de ser necesario para la noche se recomienda el uso de artefactos de bajo consumo, procurando que preferentemente ilumine los comederos. El agua, por su parte, debe estar en bebederos lineales o automáticos especiales.
Según dijo el entrevistado, con las ponedoras se trabaja con una temperatura permanente de unos 22º y los bebés a 37º para estar en un ambiente óptimo que les permita expresar todo su potencial genético. Eso significa contar con instalaciones separadas, con una calefacción (con gas o leña) y refrigeración adecuada, lo que se logra fácilmente en una instalación pequeña que puede tener menos de 64 m2.
“Desde que nace hasta los 25-30 días de vida, el animal se cría a piso con viruta desinfectada, acondicionándole un pequeño sector de forma circular para evitar el hacinamiento en los rincones, para luego pasar a la jaula”, indicó Burdisso.

Rápidos resultados permiten el crecimiento
Para aquellos emprendedores que no cuentan con experiencia en el manejo de animales, se aconseja comenzar con ponedoras y un lote no menor a las 400 aves, para ir aumentándolo a medida que se vaya obteniendo experiencia, en base al acompañamiento de un técnico especialista, y localizaciones de ventas.
“Pero las pautas de producción deben ser las mismas que para el caso de un emprendimiento para 100 mil animales, ya que calefaccionar un ambiente -por ejemplo- de 36 m2 para 1000 ó 2000 mil animales, tiene el mismo costo”, remarcó el especialista.
De esta manera, explicó que la cantidad de animales para comenzar en la actividad, “es una cuestión de compromiso y decisión empresaria, ya que con pocos animales se tiene menos riesgo comercial, pero mayores costos fijos”.
Asimismo, Burdisso destacó que como la cría de codornices tiene intervalos generacionales muy cortos, se puede ir creciendo con el plantel a medida que se van asegurando clientes. “Son precoces en la producción de huevos. Si se cierra un negocio, a los 45 días de haber comenzado la actividad ya se están entregando los huevos”, graficó.
La codorniz pone un huevo cada 25 horas, o sea 24 huevos cada 30 días, lo que representa un 80% de postura, cuyo periodo es de 18 a 22 meses. Su peso corporal es de 260 gramos a los 60 días y se estima un nivel de conversión de 450 gramos de alimento por cada docena de huevos producidos. Con un plantel de 500 codornices se obtienen 1.200 docenas de huevos por mes, o 250 docenas por semana.
Para la reproducción, bajo un buen manejo se puede alcanzar una fertilidad del 87%. “Se deben colocar tres hembras y un macho o cinco hembras y dos machos por jaula, sin problemas de competencia”, apuntó el entrevistado.

Costos de producción
El alimento representa el 80% del costo de producción. En un mes, la codorniz en postura consume un kilo de alimento -unos 32 a 33 gramos por día-, con lo que produce dos docenas de huevos, de modo que una docena de huevos cubre el costo de medio kilo de alimento.
“Al bebé se le brinda un alimento ‘iniciador’, luego un ‘prepostura’ y a los 30 días se le comienza a dar ‘ponedora’. Desde que el animal nace hasta que comienza a poner huevos consume 700-800 gramos. Se le puede dar media ración a la mañana y otra a la tarde, dependiendo de los horarios de cada uno”, apuntó el socio-gerente de “La Jacinta”.
Burdisso explicó que el 20 % de los costos restantes corresponde a gastos de iluminación, gas e impuestos, entre otros y mencionó que en un galpón de 36 m2 calefaccionado por pantalla, se utiliza una garrafa de 10 kilos por semana, o sea cuatro mensuales, durante los seis meses de frío.

Comercialización de los huevos
Si bien es pequeña la demanda de huevos de codorniz para consumo familiar (se vende a 2,90 pesos la docena a distribuidores y se puede encontrar en góndola entre 4 y 6 pesos), existe una demanda insatisfecha por parte de servicios de lunch, confiterías, restaurantes y hoteles de categoría de los grande centros urbanos y de turismo. En este caso, las distintas formas de comercialización son las siguientes:
- Fresco a granel: el productor lo entrega en la puerta de su granja a un fraccionador y distribuidor. Esta modalidad es utilizada en explotaciones alejadas de los centros de consumo. La rentabilidad está dada por el mayor número de animales en producción, los cuales pueden ser atendidos al no consumir tiempo en reparto y distribución.
- Fresco en maples: se retiran de la granja, se seleccionan por tamaño y forma y se los coloca en maples con la punta roma del huevo hacia arriba, lo que aumenta su tiempo de frescura. Al seleccionarlos, es muy importante descartar los rotos o fisurados. El maple tiene que ser de plástico cristal para darle mejor apariencia al producto.
- Duro y pelado, al natural o en escabeche, para góndolas: se procesa el producto y se fracciona en frascos para consumo familiar. Para confiterías y restaurantes, se procesa el producto y se fracciona en envases. En este caso, el comprador no es el consumidor, por lo tanto hay que priorizar el sabor del producto y la comodidad para el personal que lo utilizará en la preparación de los platos.

Aprovechamiento de la carne y otros subproductos
Más allá de que buena parte del negocio se centra en la comercialización de huevos, también se puede vender la carne de codorniz del macho (en 60 días se desarrolla corporalmente y el peso de faena alcanza los 340 gramos, quedando limpio 270-280 gramos) o la hembra de descarte, en diversas formas:
- Piezas enteras o trozadas: codornices peladas y evisceradas, frisadas en bandejas o bolsones, ya sean para consumo masivo o para restaurante (el frigorífico paga al productor 4 pesos por cada pieza de 250 gramos; a su vez el frigorífico vende al mercado cada pieza a 7 pesos, lo que equivale a 28 pesos el kilo; el precio final al consumidor varía en cada caso particular).
- Escabechadas: codornices en escabeche trozadas usando solamente las patas y las pechugas en frascos de distintos tamaños para casas de artículos comestibles tradicionales.
Pero además se la puede utilizar para otros propósitos, como producción de reproductores; posible aprovechamiento de las plumas, excremento y camas; como animal de laboratorio y también para la formación de “cotos de caza”.
Según señaló Burdisso, en los grandes centros urbanos la comercialización comienza luego de Semana Santa, cuando la gente vuelve de sus vacaciones y recupera algo de dinero; a partir de allí el consumo comienza a subir, baja algo durante las vacaciones de invierno y luego sube continuamente hasta diciembre, para descender durante el verano.

Rentabilidad y puntos de venta
La rentabilidad en la cría de codornices, como en toda actividad intensiva, es importante, al igual que el riesgo comercial porque vender es difícil.
“La amortización del animal se logra en dos o tres meses (postura durante 22 meses) y las jaulas otro tanto más, aunque el valor residual es del 100% ya que te duran 20 años, mientras que la rentabilidad puede alcanzar el 50-60%”, explicó el entrevistado.
De todas maneras, aseguró que si bien es difícil vender, “actualmente todos los productores tienen su producción comprometida, siendo muy difícil conseguir huevos, por lo que existe una demanda insatisfecha”.
Asimismo, Burdisso agregó que “no hay nadie que esté tirando los huevos por no poder venderlos, cosa que jamás me pasó en los años que llevo produciendo, ya que de alguna forma siempre se comercializan”.
En ese sentido, remarcó que lo ideal es vender a distribuidores o en comercios medianos o pequeños, porque al no poder colocarlo junto al huevo de gallina (la gente lo rechazaría por su menor tamaño), en un gran supermercado “el producto se pierde”.
Además, manifestó que “hay muchos productores que no cuentan con la cantidad de huevos que le piden; ese es un nicho comercial al que estamos apuntando, donde muchas veces te pagan con alimento, una docena de huevos por cada kilo”.

Ventajas y desventajas de la actividad
Entre las ventajas de la cría comercial de codornices pueden citarse:
- No se compite con empresas con grandes volúmenes de producción, tanto en pollos parrilleros o huevos de gallina.
- Al tratarse de una producción altamente intensiva, las instalaciones son menos costosas.
- Requiere poca mano de obra especializada.
- El margen de rentabilidad es alto, por tratarse de productos poco tradicionales.
La principal desventaja radica en el hecho de que el consumo de huevos y carne de codorniz no esta afianzado en la población, si bien se encuentra en continuo crecimiento en los últimos años.


Luciano Venini

El ave de los huevos de oro
Así se la consideraba en la antigüedad a la codorniz, un ave de tamaño pequeño que pertenece al grupo de las gallináceas, género Coturnix. En estado silvestre tiene características netamente terrestres y se la puede encontrar principalmente en Asia y Europa. Nunca se posa sobre árboles, su vuelo es rápido, recto y con un sonido característico. Rara vez se la ve a campo abierto y frecuenta tierras cultivadas que alterna con otras de matorrales, anidando en depresiones y huecos del terreno que ella misma construye.
Bajo producción intensiva se la encuentra en casi todo el mundo, consume poco alimento, su conversión en carne producida es alta, llega a la madurez sexual en 42 días, produce gran cantidad de huevos, posee un elevado nivel metabólico y diferenciación sexual pronunciada.

Buena resistencia a enfermedades
Por su rusticidad, la codorniz es menos susceptible a contraer enfermedades clásicas de otras aves, como pollos y pavos. Si bien debe tener clima cálido, no se debe descuidar la ventilación.
El cúmulo de guano en la bandeja recolectora debe limpiarse dos veces por semana. Si se limpia todos los días, se molesta demasiado a los animales; si se deja una semana, se acumula demasiado guano.
Un ambiente con luminosidad media, limpio, seco, con luz toda la noche, es lo ideal, y rara vez se encontrará una codorniz enferma. Si se cumple con estas tres reglas básicas. no habrá enfermas:
- Tener las jaulas lejos del piso.
- Desinfectar los pisos periódicamente.
- Los animales deben ser molestados lo menos posible.

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