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Mujeres a la cabeza (Nota II)

Presentamos la segunda nota con testimonios de mujeres “que van al frente”, que eligen vivir intensamente, haciendo malabares para equilibrar la vida personal con el trabajo. Lejos de la queja, disfrutan su lugar de mando, de decisión.

Página sin nombre

Mariana Rossi Vassalli, presidenta del directorio de Vassalli Fabril S.A. 43 años.  Su vida transcurre entre la fábrica y las carreras de automovilismo, su gran pasión. En la foto con el piloto de TC Matías Rossi, durante una visita a una de las plantas instaladas en Firmat. Rossi lleva en su Chevrolet el nombre de la empresa.

En el mundo de los “fierros” ¿quién no escuchó hablar de Mariana Vasalli? Es que la nieta de  Don Roque, el creador de las cosechadoras, supo hacerse conocer tanto por ser presidente del directorio de Vassalli Fabril como por su apasionada participación dentro del Turismo Carretera. Durante unos diez años, con una figura ideal, fue copiloto de Marcos y Patricio Di Palma. Ahora, dado el cambio en la reglamentación que sacó a los acompañantes, vive su pasión desde abajo y la empresa apoya económicamente a la disciplina. Actualmente, el bien posicionado Matías Rossi lleva en su Chevrolet los colores y el nombre de las cosechadoras Vassalli y Don Roque. Mariana no se pierde una carrera. “Siempre me sentí muy cómoda”, remarca. “Sigo apostando a este deporte, porque el público de TC está muy relacionado con la actividad agropecuaria y nos da una excelente identificación en el mercado”.

Vive en Firmat, donde está instalada la planta Vassalli Fabril. Junto a su hermano Martín que es vicepresidente, dirige los destinos de la fábrica. Ambos pudieron consolidar el proceso de crecimiento originado en el año 2002. Recuperaron una planta, incorporaron tecnología y capacitaron al personal. Mariana lleva en la sangre el ejemplo de su abuelo, el industrial que revolucionó el mercado agropecuario con sus cosechadoras. “Desde mi adolescencia siempre estuve a su lado absorbiendo su experiencia y enseñanza hasta su fallecimiento, cuando asumí la presidencia de la empresa”.

Asegura que ser mujer no le causó ningún dolor de cabeza dentro de la compañia. “Al contrario, siempre tuve y sigo teniendo el apoyo de todos. Trabajamos mucho en equipo. Cada uno de ellos tiene larga experiencia”. Dice que Don Roque fue el pionero en aceptar a mujeres en cargos directivos. Piensa que existe un estilo femenino que se caracteriza por “la mayor comunicación, mayor nivel de compresión, pero al mismo tiempo una actitud firme y certera una vez tomadas las decisiones”

A la hora de dar una orden o de llamar la atención de algún empleado, recurre al  departamento de Recursos Humanos, que también está a cargo de una mujer y las cuestiones se aclaran “con diálogo y respeto”.

“La mujer, día a día, está logrando una participación más activa en todos los sectores empresariales, pero debemos reconocer que significa un esfuerzo adicional tratando de equilibrar su vida laboral y familiar”, dice Mariana.

¿Un ejemplo a seguir? La respuesta no tarda en llegar “Siempre seguí el modelo de mi abuelo y de toda la gente de su entorno”. Cuando junto a su hermano Martín lograron recuperar, en el año 2003 una de las plantas donde fabrican las cosechadoras (había quebrado en manos del grupo Koner Salgado), Mariana dijo: “Hoy se cumple nuestro sueño. Hasta aquí hubo muchas historias dolorosas, pero ahora vamos a seguir con la filosofía de muestro abuelo, aspirar a la producción, a la renovación tecnológica, a la sensibilidad social y al progreso de toda la comunidad”. Y en eso está.

 

La ingeniera agrónoma Elba Alessandrini tiene una hija de 20 años, “muy simpática” a punto de recibirse de contadora. Y un hijo: el sorgo.

“Mi pasión es convivir con el sorgo”

Desde hace más de 20 años, Elba Beatriz Alessandrini produce semillas de sorgo. Creó la empresa que dirige, radicada en la localidad bonaerense de Rojas: Criadero El Sorgal, todo un referente en el mercado de ese cultivo.

A ella le gusta definirse como un “comodín” que acompaña, coordina y evalúa cada área de la empresa (donde es socia- gerente).

Su pasión es convivir con el sorgo: “En octubre, con la siembra, renace otro ciclo de mi vida”, asegura. Hasta tal punto se siente cerca, que lo considera “un hijo” a quien le guarda fidelidad a pesar de los cambios climáticos y los vaivenes de los precios del mercado, que no siempre lo dejan bien parado.

“Cuando el sorgo está implantado, un día de mi vida es un día a pleno”, dice. A la mañana luego de pasar por su oficina, recorre los campos de producción. “Es como ver crecer a mis hijuelos, dedico horas a observar cómo se desarrollan, ver sus virtudes, cómo se manifiestan ante las inclemencias climáticas, que necesidades tienen”, explica apasionada. A media tarde le dedica tiempo al criadero, donde centenares de híbridos experimentales se desarrollan y manifiestan individualmente.

“Los años de investigación y convivencia me dieron la posibilidad de que hoy en día pueda reconocerlos tan fácilmente -como si estuviera viendo el rostro de una persona-, y lo disfruto como una experiencia única. El poder apreciar cada material y definir sus cualidades, diferencias, defectos y virtudes, es el punto de equilibrio que me permite tener seguridad al momento de darle ‘nacimiento’ a un nuevo sorgo”.

Cuando llega la etapa pre-panoja y hasta culminada la floración, “se borran los nombres de los días, no existe sábado ni domingo, es el sorgo el que manda, el que requiere toda mi atención”. Es una convivencia full time: “Juntos nacemos y cosechamos nuestros esfuerzos”.

Una vez finalizada la cosecha, Elba tiene más tiempo para los negocios y las charlas cotidianas con clientes y productores. “Dedico más tiempo a funciones empresariales y a programar el nuevo ciclo que vendrá con la esperanza que será mejor; y esto es bueno porque esa es nuestra filosofía: ‘el próximo será mejor’ y la experiencia ampliamente nos lo demuestra”

Esta pasión nació cuando era estudiante y descubrió el sorgo en el INTA Pergamino. La deslumbró la variedad de colores en los granos, los distintos tipos de panoja y diferentes alturas. Comenzó con unas pequeñas parcelas y fue creciendo hasta que, en esta campaña, está planificando la siembra de unas dos mil hectáreas.

¿La tarea es más difícil por ser mujer? Para Elba el asunto va más allá del género. “Lo que realmente vale es el esfuerzo, las ganas, el capacitar y capacitarse. Mantener un equilibrio en la empresa, donde las áreas se integren, tratando día a día, de dar respuestas a nuestro compromiso basado en la responsabilidad, el respeto y la honestidad, valores que se reflejan en el producto final: semillas de sorgo de excelente calidad y altamente posicionadas en el mercado”, resume orgullosa.

 

Licenciada Gabriela Colussi. 27 años, responsable de comunicaciones de Colven Familia: padre, dos hermanos, una hermana. 

“Es una ventaja trabajar con hombres”

El abuelo de Gabriela Colussi fundó la empresa Colven, creadora de los reconocidos protectores para motores Vigía, entre otros productos). Por eso para ella este mundo le resulta muy familiar. Trabajó en todas las áreas desde pequeña, hasta que en 2005 logró su título universitario y ya ingresó oficialmente como profesional.

Para ella ser mujer no es correr en desventaja, por el contrario. “En la mayoría de las ocasiones es una gran ventaja ser mujer y trabajar con hombres”. ¿Por ejemplo?  “Teníamos que hacer una publicidad en conjunto con una marca de automóviles muy importante. El gerente de marketing de esa empresa es hombre y se había reunido con un coordinador de nuestra empresa. Pero no concretaron nada, ya que nuestro coordinador no despertó el interés del gerente. Al tiempo me pidieron que fuera yo .Me atendió con mucha amabilidad y acordamos cómo hacer la comunicación conjunta. Lo mejor fue cuando fuimos a presentar la  campaña  y  nos  recibieron con todas las atenciones. Nuestro  coordinador  no salía del  asombro de  la diferencia que había con la  primera reunión “. Todo un logro. Gabriela agrega más: “Los únicos inconvenientes que tuve, fueron ocasionados por mujeres…”

Hablidad e inteligencia para conseguir los objetivos en un trabajo de equipo en un mundo de hombres, es la receta de esta joven. “Para mí no hay un estilo femenino, sino un estilo de mujer que sabe sacarle provecho a la situación (en el buen sentido) y no ser víctima de la misma”.

Otras herramientas para llegar a buen puerto: “la sinceridad y el respeto”, con ellas encara los problemas con  compañeros de trabajo. Todos hombres.

No sigue modelos.  Cree que tiene su propio estilo: “Me adapto al lugar, a la gente y a la situación de cada momento”, resume.

Sexto sentido

Gabriela tiene una anécdota que afirma y prueba la eficacia del sexto sentido femenino. “Mi papá es mi jefe y salimos juntos a buscar una agencia de publicidad. Visitamos varias y al final él eligió una que a mi no me convencía. Yo no sabía cómo explicarle que había algo que no me gustaba... Lo cierto es que comenzamos a trabajar con ellos y empezamos a tener todo tipo de complicaciones. Hasta que cuatro meses después, llegó el día que ‘la gota rebalsó el vaso’ y dije ¡basta! Le dije a mi papá: ‘Ahora la agencia la elijo yo? Salí sola a entrevistarme con una que me recomendaron. Cuando volví, les informé que quería trabajar con esa agencia y sin cuestionarme aprobaron mi elección. Con ellos estamos hace más de cuatro años. Vale aclarar que trato con hombres y juntos hemos logrado grandes cambios y objetivos. 

 

Pocas gerentes argentinas

Según estudios e informes estadísticos de carácter general, las mujeres representan 42 por ciento de la población ocupada; sin embargo aportan, en promedio, menos de un tercio de los ingresos familiares.

Las mujeres argentinas ocupan menos de un quinto de los cargos gerenciales, mientras que la mitad de las empresas privadas directamente no tienen mujeres en esos puestos.

Así lo reveló un estudio que realizó la consultora Grant Thornton, que destaca además que la cifra de mujeres argentinas fuera de los estamentos gerenciales, supera el promedio global donde el 34 por ciento de las empresas privadas cuenta con mujeres en esos puestos.

Según el estudio privado, las argentinas integran un 17 por ciento de los cargos gerenciales disponibles en las empresas del sector privado. Un porcentaje que casi no varió con respecto a la edición 2007 del estudio, que registró un 16 por ciento. A su vez, el relevamiento muestra que en un 47 por ciento de las empresas argentinas no hay ninguna mujer ocupando cargos gerenciales. Del resto, 29 por ciento posee a una mujer en la alta dirección; 12 por ciento a dos; e igual cifra a tres o más.

Aún cuando entre 1990 y 2006 la tasa de actividad de las mujeres se incrementó en 10 puntos, sigue existiendo una brecha importante respecto de la de los hombres. Si bien los niveles actuales de participación de las mujeres en el mercado de trabajo son elevados en términos históricos y a pesar de la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral y de los progresos logrados en las últimas décadas, su presencia desciende a medida que se sube en la escala jerárquica, aún en aquellos sectores de la industria en los que tienen mayor participación.

Según estudios e informes estadísticos de carácter general, las mujeres representan 42 por ciento de la población ocupada; sin embargo aportan, en promedio, menos de un tercio de los ingresos familiares. Además, si se compara las remuneraciones medias de los salarios registrados por hombres y mujeres, los datos confirman que existe una diferencia superior a 30 por ciento a favor de los varones.

A nivel global, 24 por ciento de las mujeres ocupan cargos gerenciales. Los más altos porcentajes de mujeres en la alta dirección se registran en Filipinas, con 47 por ciento; Rusia, con 42; y Tailandia, con 38. Los menores porcentajes se registran curiosamente en países altamente desarrollados como Japón, con 7 por ciento; Dinamarca, 13; y Bélgica, 12.

En la región, México presenta los mayores avances, pasando de 20 por ciento en 2007 a 31 por ciento este año, el porcentaje de mujeres que ocupa cargos gerenciales. En cambio, en Brasil, la proporción retrocedió fuertemente de 42 a 29 por ciento.

 

Techo de cristal

Se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, penosa de traspasar, que les impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos, ni códigos manifiestos que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que, por su invisibilidad, son difíciles de detectar. 

También se suele conocer como “suelo pegajoso”, ya que agrupa las fuerzas que mantienen a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica. (Fuente: DyN)

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