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  ¿Método seco o método húmedo?
    Fecha:28/10/08


 


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Si bien en el mercado existen nuevos métodos de inoculación, como por ejemplo el que aplica el inoculante diluido en agua y chorreado en el fondo del surco, método que viene siendo adoptado rápidamente por los productores, está aún mucho más difundida la inoculación clásica. Esta consiste en adicionar las bacterias específicas a la semilla de soja. Respecto a esta metodología, los productos más difundidos por estos días son los inoculantes líquidos, aunque existe aún una proporción importante de productos que siguen formulándose en base a turba principalmente y en menor medida, sobre soportes tipo dolomíticos.
Hay productos sobre soporte de turba que son recomendados aplicarlos tal cual se presentan, aunque también se recomienda que se apliquen adicionándoles algo de agua, a efectos de lograr una mejor distribución sobre las simientes de soja.

Diferentes tratamientos
A efectos de poder verificar si existen diferencias entre el método seco y el método húmedo de inoculación, se estableció en la campaña 2007/08 un ensayo que contempló los siguientes tratamientos:
1. Testigo
2. Inoculado en semilla método seco 1 dosis ( 200 g de inoculante Crinigan/50 kg de semilla)
3. Inoculado en semilla método seco 2 dosis ( 400 g de inoculante Crinigan/50 kg de semilla)
4. Inoculado en semilla método húmedo 1 dosis ( 200 g de inoculante Crinigan/50 kg de semilla) + 1.000 cc de agua de pozo cada 50 kg de semilla
5. Inoculado en semilla método húmedo 2 dosis ( 400 g de inoculante Crinigan/50 kg de semilla) ) + 1.000 cc de agua de pozo cada 50 kg de semilla
El ensayo contó con un diseño de bloques al azar con 4 repeticiones, cada unidad experimental dispuso de 2 metros de ancho por 7 metros de largo.
La siembra se efectuó el 16 de noviembre, empleándose la variedad Nidera 4613, sembrada a 0,35 m entre líneas con una densidad de 17 granos/m lineal.
Todos los tratamientos fueron fertilizados al costado de la línea de siembra con 62 kg/ha de una mezcla de fertilizante que contenía 30 % de pentóxido de fósforo; 7,2 % de azufre y 16,8 % de calcio.
El suelo tenía buena historia sojera, disponiendo una carga bacteriana naturalizada de 10.000 Bradyrhizobium por gramo de suelo. A los efectos de sembrar la semilla se empleó una máquina Juber de un surco de tracción manual. El control de malezas y plagas insectiles se realizó con los métodos tradicionales. Durante el transcurso del cultivo se evaluó en la etapa inicial del mismo la infectividad, no presentándose en este aspecto diferencias entre los tratamientos. Posteriormente, en inicio de floración (R1), se evaluó el número de nódulos, tanto en raíz primaria como secundaria. En este caso tampoco se observaron grandes diferencias entre los tratamientos, aún con el testigo, el cual lógicamente no había sido inoculado. Esto nos estaría indicando la alta infectividad de las bacterias naturalizadas, como así también, que en aquellos tratamientos inoculados, sería imposible separar cual nódulo provenía de las bacterias introducidas en esa campaña, de aquellos nódulos que provinieron de bacterias que se encontraban ya en el lote.
La cosecha se realizó en forma manual, recolectándose para cada unidad experimental 2 m2. Previamente a cosechar se procedió a contar las plantas a efectos que tampoco existan diferencias entre los tratamientos, cosa que sucedió, ya que la variación máxima entre tratamientos fue de sólo 3 plantas/m2.
Las plantas cosechadas fueron inmediatamente desgranadas en una trilladora estacionaria, el producto obtenido fue limpiado, determinada su humedad y pesado, permitiendo de esta manera calcular el rendimiento por hectárea a humedad de recibo.
Estadísticamente no se establecieron diferencias entre los tratamientos, sin embargo se mostró una tendencia positiva en los incrementos de rendimiento para aquellos tratamientos que fueron inoculados.

Resultados
Si consideramos todos los tratamientos inoculados y los comparamos con el tratamiento testigo, se obtuvieron 532 kg/ha más de rendimiento por haber inoculado, esto representa un incremento de rendimiento cercano al 13 % y demuestra una vez más la importancia que tiene la inoculación de la soja, aún en campos con historia sojera, como en el que se llevó adelante en esta experiencia.
Analizando los métodos de inoculación, considerando el promedio de ambas dosis de inoculante, el método húmedo aventajó al método seco por casi 200 kg/ha. Esto también demuestra o mejor dicho refuerza el concepto conocido, que la inoculación por el método húmedo permite una mejor distribución del producto, como así también, una menor desecación de las bacterias, lo que asegura una mayor viabilidad de las mismas, lo cual seguramente se traduce, como en este caso, en mayores rendimientos del cultivo
La dosis de inoculante no tuvo mayor efecto sobre el rendimiento final, dado que tanto para el método seco como para el método húmedo, el rendimiento no se incrementó por adicionar una dosis más de inoculante. Presumiblemente esto puede ser explicado porque el nitrógeno no ha sido el elemento que limitó la producción, sino que algún otro factor fue el que puso “freno” al crecimiento del rendimiento.
De la experiencia se pudo ver claramente la importancia que tiene la inoculación de soja, tarea ésta que permite con una pequeña inversión, (inoculante más aplicación), obtener un incremento de rendimiento muy importante. Por otro lado, también queda muy claro que es importante realizar esta operación con sumo cuidado y tratando de darle a las bacterias las mejores condiciones. En esta experiencia este efecto estuvo representado por el método húmedo de inoculación, el cual con un costo similar al método seco, permitió incrementar el rendimiento de la soja en 200 kg/ha, lo que representa un ingreso extra muy importante, cuando este valor es trasladado al total de las hectáreas realizadas en la campaña.

(Luis A. Ventimiglia / Lisandro Torrens Baudrix – Agencia INTA 9 de Julio)



 
   
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