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Las medidas, factor muy importante a tener en cuenta en un jardín
Desde hace miles de años el hombre ha basado muchos de sus conocimientos en torno a las medidas.
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Desde antaño los hombres aprendieron a usar lo que tenían a mano para medir su propio cuerpo. Hoy causan rareza algunas medidas antiguas; por ejemplo en la Alemania del siglo XVI, la medida legal era un “pie”. Según la historia, un día domingo a la salida del culto, a los primeros 16 hombres que salieron de la iglesia se los hizo formar en fila haciendo coincidir la punta del pulgar del pie izquierdo con el talón del pie de la persona que estaba adelante. La distancia total de los 16 pies izquierdos fue una “pértica”. Ahora una “pértica” dividida por 16 da un pie estándar de 30 centìmetros.
También puede mencionarse cómo nace la medida de una pulgada que representa 2,54 centímetros: la misma proviene de “pulgar” es decir, la medida del ancho del pulgar del rey. Por supuesto cuando cambiaban de rey debían cambiar la medida de la pulgada en todo el reino.
En el jardín también
En un jardín también es muy importante tomar conciencia de las medidas como dato cuantitativo, pues de ellas se obtendrá un resultado correcto a la hora de plantar o sembrar, transplantar o podar
El invierno es una muy buena estación para organizar las actividades de la poda, pero antes de tomar una tijera, serrucho o motosierra, sería interesante calcular dicho accionar en las plantas.
A diario uno ve los diferentes tipos de poda que se hacen en un árbol: poda larga, poda corta, poda extrema, talado, raleo, aclareo, etcétera. Cada uno de estos conceptos está directamente relacionado con el tipo de árbol y propósito que se busque. Si nos refiriésemos al tipo de poda de los árboles frutales, sería muy distinto al de los árboles ornamentales o del arbolado público. Cada uno de ellos tiene un manejo propio; en los árboles de un parque o una plaza, tal vez sea suficiente una simple limpieza de ramas o un mantenimiento para liberar ciertas visuales o para no interferir con algún servicio de luz o teléfono.
En cambio en el arbolado urbano el tipo de poda es muy diferente pues los objetivos son muy distinto: permitir el paso de aire y luz en invierno y protección de las grandes insolaciones en verano. Por eso la forestación urbana debe ser en un gran porcentaje de hojas caducas (es decir de plantas que pierden sus hojas en invierno) y sólo se admitirían plantas de hojas perennes en calles bien anchas o avenidas. Un correcto manejo sería lograr un túnel o como se lo denomina técnicamente una bóveda alta, es decir que las ramas de los árboles de cada vereda se unan entre sí y queden por encima de la luminaria, como se observa en la foto nº 1.
Ahora si la situación se asemeja a lo que muestra la foto nº 2, no es la correcta y los problemas se agravan año tras año.
La poda debe permitir que el árbol quede con fuste alto (tronco) y que sus ramas primarias permitan el paso de los vehículos sin provocar la ruptura de las mismas, es decir que volvemos a la imagen del túnel. Del lado de la vereda, en tanto, se deben limpiar aquellas ramas que puedan rozar las edificaciones o el cableado aéreo de los servicios existentes.
A simple vista pareciera ser una tarea sencilla, pero hay que contar con las herramientas adecuadas que permitan trabajar en altura y se deben tomar los cuidados de seguridad necesarios.
El árbol, un ser vivo
Resumiendo, es una tarea que responsablemente la debe conducir un profesional idóneo en el tema; en la provincia de Buenos Aires existe la Ley Provincial N º 12276 que regula dicho accionar, donde cada municipio debería aplicarla.
No se debe olvidar que un árbol es un ser vivo, que merece ser respetado y cuidado por el hombre para su bienestar y así poder contar con mejor calidad de vida.
Un manejo irracional en el arbolado conlleva a muchos años de recuperación y muchas veces se le provocan grandes daños sanitarios, lo vemos en Eucalyptus sp., o Ulmus pumila a modo de ejemplos, con esas protuberancias que parecen bolsas colgando y no son nada más ni nada menos que un cáncer. Dicho síntoma fue provocado por daños mecánicos inapropiados, que con el tiempo pueden hacer morir a la madera y convertir a ese árbol en un peligro potencial.
Otra cuestión cultural es creer que solamente se puede podar en la temporada de los meses sin “R”. Es correcto querer guiarnos en este momento del año, pero hay que observar dentro de ese margen las temperaturas que se registran, pues muchas veces se presentan otoños muy cálidos, como fue éste, donde la poda debe atrasarse; o bien una primavera muy anticipada, en cuyo caso la poda debería adelantarse. Recuerde que no hay mejor sellador de un corte que la rápida cicatrización de la herida, de esa forma no estará tanto tiempo expuesta a la entrada de patógenos.
Esto nos tiene que ayudar a reflexionar que las reglas no se deben tomar tan al pie de la letra, sino que deberían darnos un marco teórico para una aplicación criteriosa. Así que a la hora de tomar los guantes, la sierra o la tijera, piense y observe qué tipo de poda puede o debe realizar en ese árbol, teniendo en cuenta qué función cumple el mismo.
El inicio de la historia comienza cuando se lo planta, sabiendo su altura de adulto y a qué distancia se lo colocó de otra especie o de las edificaciones. Si estas preguntas están bien contestadas, podemos arribar a que la intervención de la poda será simplemente de formación o mantenimiento y recordar que la gestión de un profesional idóneo en el tema ayudará a resolver los casos correctamente.
Como se observa, en todo se usa el concepto de medidas: la altura de la bóveda o de la luminaria, la cantidad de ramas que se sacan, la altura de una edificación, el ancho de la calle, etcétera. Y así podríamos estar comentando muchos ejemplos más, pero lo importante es contar con los conocimientos suficientes para que nuestro jardín vaya transitando este invierno a la espera de la hermosa primavera.
María Eugenia Sticconi
Ingeniera agrónoma. EEA INTA Pergamino. mesticconi@pergamino.inta.gov.ar
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