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El INTA Manfredi investiga al exótico y versátil topinambur
Es un tubérculo forrajero de gran rusticidad y aporte nutricional, utilizado como alimento humano y animal y que también sirve para producir etanol. Se estudia su adaptación en diferentes zonas para conocer su respuesta a la fertilización y riego.
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El topinambur (Helianthus Tuberosus) es un cultivo perenne del mismo género que el girasol, pero que se diferencia por sus capítulos menores de 10 centímetros de diámetro y por sus tubérculos. Es un rizoma de doble propósito, agrícola y ganadero, ya que sus partes subterránea y aérea, permiten una variada utilidad. Su gran rusticidad por adaptación a climas áridos y suelos pobres, y su alto aporte nutricional, hacen de este tubérculo una interesante alternativa forrajera, destinada a alimentación animal (vacunos, ovinos, porcinos, caprinos y animales de granja) y humana. También se puede utilizar como materia prima para la producción de biocombustibles, como el etanol.
Su multiplicación se realiza a través de tubérculos, por lo que luego de una única siembra inicial, el productor obtendrá cosechas sucesivas en forma interminable. El ciclo de la planta comienza a principios de primavera y finaliza con las primeras heladas, logrando en abril su madurez total, iniciando su latencia hasta la primavera siguiente.
Este cultivo permite obtener una gran producción y rentabilidad en poca superficie, requiriendo poca mano de obra durante su manejo, ya que no necesita aplicación de herbicidas ni fertilizantes, y no lo afectan las heladas, piedras ni insectos.
En Europa, el topinambur se produce cada vez con mayor intensidad, pero en la Argentina está muy poco difundido, ya que actualmente se encuentra en manos de unos pocos productores, principalmente en la región de Cuyo y en la zona cordobesa de Traslasierra, aunque también puede cultivarse con éxito en la Pampa Húmeda.
Objetivos del estudio
Teniendo en cuenta su múltiple utilización -sea como recurso forrajero, para alimentación humana o para producción de etanol- el INTA Manfredi, desde 2005 viene trabajando sobre la potencialidad del topinambur. Para conocer en detalle la participación de la Experimental y los avances de los estudios sobre el cultivo, Nuevo ABC Rural dialogó en su oficina de trabajo con el ingeniero agrónomo Julio César Mombelli, uno de los referentes del proyecto.
“Nuestro objetivo es estudiar la adaptación de la especie en diferentes zonas agroecológicas con suelos de diferentes calidades y climas, para poder observar su comportamiento al agregado de fertilizantes y riego complementario y sus efectos sobre la producción y calidad de los tubérculos, medida en sólidos solubles”, comentó. “La calidad es muy importante para la producción de etanol, que se mide por el contenido de indulina (polisacárido, endulzante natural que no afecta a los diabéticos), por lo que es otra parte muy importante del proyecto”, remarcó.
En ese sentido, Mombelli aseguró que “el topinambur junto con la achicoria, se encuentra en el primer puesto del ranking de los vegetales con mayor cantidad de indulina, por lo que su transformación en etanol resulta interesante”.
Mucha producción en poca superficie
- ¿Qué trabajos se realizaron hasta el momento?
- Se hicieron parcelas demostrativas de observación, sobre la adaptación de la especie a diferentes zonas muy diferentes en sus condiciones agroecológicas de clima y suelo. Se realizaron varios ensayos para probar la capacidad que tiene el topinambur para producir con el agregado de fertilizantes, riego complementario y diferente manejo, difiriendo el distanciamiento entre hileras y plantas.
- ¿Qué resultados obtuvieron?
- La especie tiene la capacidad de producir grandes volúmenes de tubérculos en suelos de baja calidad nutricional y en poca superficie, por lo que puede ser una alternativa interesante en zonas de pequeños productores, ya que en una reducida superficie se puede obtener una gran cantidad de alimento, y biocombustible en forma de etanol.
Manejo de un cultivo poco exigente
La siembra del topinambur se realiza de julio a septiembre, en surcos con una separación entre sí de 70 centímetros. Los tubérculos se plantan enteros para evitar enfermedades fúngicas, con 50 centímetros de separación y a unos 10 centímetros de profundidad, pudiendo hacerse con una sembradora de papas o en forma manual.
“En el centro de Córdoba se siembra durante la primera quincena de septiembre, con buena humedad para poder lograr una gran producción, siendo un periodo crítico, al igual que la floración”, comentó Mombelli. “Su implantación se realiza generalmente en forma manual”, apuntó.
El equivalente por hectárea es de aproximadamente 600 a 900 kilos de semilla, de acuerdo al tamaño seleccionado, las que producirán 28.600 plantas de múltiples tallos por hectárea.
Luego se lo deja crecer hasta que las flores comienzan a decaer, entonces se realiza la tala de todo el follaje a ras del suelo, obteniéndose en total dos cortes.
Entre fines de junio y fines de agosto, antes que comience el rebrote de primavera, se cosechan los tubérculos. Para su recolección se puede usar la cosechadora de papas o las sacadoras de discos.
Se extrae el tubérculo surco por surco, dejándolo en el suelo y se largan los animales al pastoreo para que los consuman en forma directa; también pueden extraerse con un arado de rejas, al que se le deberá sacar la vertedera.
“Pero también los tubérculos pueden ser cosechados a mano, dándose entero o partido a los animales en los corrales, a través de una dieta balanceada”, destacó el entrevistado. “Presenta problemas con la mecanización de la implantación y recolección, ya que hoy se realiza en forma manual”, lamentó.
Rendimiento y calidad nutricional de tallos y tubérculos
El promedio de producción entre tallos y tubérculos es de unas 100 toneladas por hectárea y su contenido proteico en materia seca es del orden del 10%. La parte aérea puede arrojar cosechas anuales del orden de las 60 toneladas por hectárea de follaje rico en fibra y proteínas.
Los tubérculos tienen un tamaño que varía entre 2 y 12 centímetros de diámetro; su sabor es dulce y muy palatable para el ganado, resistiendo temperaturas extremas, que van desde los -20°C hasta los 45°C, siempre que se conserven bajo tierra. Se pueden llegar a obtener a obtener entre 60 y 100 toneladas de tubérculos por hectárea por año.
Dado el alto contenido de azúcares (8,56%) y almidón (2,47%) sobre tubérculos frescos y bajo contenido de proteína bruta (11%), el valor energético es semejante o superior al grano de maíz. “Es un alimento que puede ser sustituto del maíz, ya que es más barato de producir y su calidad es muy buena, aunque debe ser suplementado con proteínas, ya que su contenido es muy bajo”, explicó el profesional del INTA Manfredi.
En cuanto a digestibilidad, los tubérculos rondan el 90 %, siendo mayor que el maíz (85 %), avena (77 %), cebada (70 %) y balanceado comercial (73 %). También la energía metabolizada es superior a los productos antes mencionados, siendo del orden del 3,4 %. Los valores de proteínas brutas rondan el 11 %, siendo mayor que en maíz (8 %), pero menor que en avena (14 %), cebada (12 %) o balanceado comercial (17 %).
Consumo animal y humano, y aprovechamiento de flores
El consumo individual de topinambur por animal vacuno se estima que entre 15 y 20 kilos; en cerdas que amamantan encerradas, entre 10 y 15 kilos y para ovinos, entre 3 y 4 kilos. En caso de vacunos suplementados proteicamente, se pueden lograr ganancias diarias de hasta un kilo por animal.
Cuando se habla de consumo humano, Mombelli afirmó que “esta especie es un alimento muy beneficioso para el aparato digestivo, por su contenido de indulina, que se digiere en el intestino grueso, en el colon, promoviendo un grupo de bacterias controladoras de otras bacterias que provocan desordenes intestinales”.
Manifestó que “se puede consumir de múltiples formas: entero, rayado, frito, hervido y acompañado con otros vegetales”. Por otro lado, las flores de color amarillo oro, que se encuentran agrupadas en racimos, son altamente melíferas con una duración de tres meses, permitiendo de esa manera desarrollar la apicultura, debido a su larga duración, obteniéndose una miel de sabor especial.
Potencial bioenergético
- ¿Cuál es su rendimiento estimado de etanol?
- Con 12 kilos de topinambur se puede producir un (1) litro de etanol, lográndose alcanzar los 5.600 litros por hectárea.
- ¿Qué características debe tener su producción?
- Para producir etanol a partir de topinambur, lo ideal es que la planta procesadora también se encuentre en condiciones de recibir maíz, para que la falta de materia prima de la especie, pueda ser reemplazada por la gramínea para no frenar el proceso de producción del biocombustible.
Pero la producción de topinambur debe estar lo más cerca posible de las plantas de procesamiento, ya que el costo del flete es muy alto, incidiendo mucho en la rentabilidad. Además de no poseer una cámara frigorífica, la única manera de conservar el tubérculo sin que se deteriore, es permaneciendo en el suelo (mayo a septiembre), por lo que debe cosecharse en etapas a medida que se necesita.
Luciano Venini
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