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» ESTAMPAS DE NUESTRA GENTE


Cuando con la cultura del trabajo se puede lograr más que con una gran riqueza

La familia Lecussán, de General Gelly, criando vacunos y cerdos con los pocos recursos que tuvo a “mano” y menos de 20 hectáreas prestadas, logró hacer estudiar a sus tres hijos.

Página sin nombre

La localidad de General Gelly, justo donde termina la bota de la provincia de Santa Fe, en su límite con el territorio bonaerense, fue escenario de una rica historia de esfuerzo, sacrificio y espíritu de trabajo familiar, que demuestra que cuando se quiere, se puede salir adelante aún en circunstancias difíciles y llenas de incertidumbre, y cumplir los objetivos propuestos en la vida.
Ese es el caso de Luis Lecussán, más conocido como “Choli”, el menor de siete hermanos, quien junto a su esposa Ana María Palacio, cuando económicamente estaban muy complicados, con lo poco que tenían a “mano” y en base a la cría de animales en pequeños terrenos prestados, lograron hacer estudiar a sus tres hijos, Cristian, Evangelina y Paola, quienes hoy son médico, maestra y analista en sistemas y gestora respectivamente.
Para poder conocer en detalle y compartir esta interesante historia de vida familiar que seguramente hará reflexionar a unos e identificarse a otros, Nuevo ABC Rural visitó la casa de los Lecussán, ubicada frente a la plaza principal, en el corazón de General Gelly.

Humildad, trabajo,
unión y sacrificio
A Lecussán lo marcó para siempre la muerte de su madre cuando él tenía apenas 11 años. Es que además de la carga emocional que significó esa pérdida a tan corta edad, por entonces también comenzó a trabajar haciéndose cargo -junto con su padre Casimiro (“Pilo”) y un hermano- de Juana, su hermana mayor con capacidades diferentes, a quien debían atender constantemente.
Esa fuerza de voluntad y ganas de trabajar ayudaron a Lecussán a salir adelante. Ya maduro se casó y formó una familia muy unida y trabajadora, dos pilares fundamentales para lograr todo lo que se propusieron para vivir felices, tranquilos y en armonía con el medio rural.
“Teníamos dos hornos de ladrillos, uno era mío y el otro de mi hermano, pero un día decidí junto con un socio alquilar unas 100 hectáreas de campo para producir soja, un cultivo que recién llegaba a la Argentina. El primer y segundo año nos fue muy bien”, recordó el entrevistado “pero en la siguiente campaña me largué a alquilar solo y un hongo me hizo perder casi toda la cosecha de soja, lo que me provocó un gran quebranto económico, con muchas deudas. Hasta debí desprenderme de un camión, por lo que quedamos muy mal económicamente y con los nenes que eran muy chiquitos”, lamentó.

Económicamente,
volver a empezar
En consecuencia, Lecussán tuvo que volver a empezar de cero, justo en el momento que la familia se agrandaba con el nacimiento de sus hijos. “Inmediatamente tomé la decisión de volver a trabajar en el horno de ladrillos que había estado tres años inactivo”, indicó. “Como herramienta -comentó- sólo tenía una yegua que había podido comprar, y con la ayuda de mi señora cargábamos a carretilla todo el pisadero (masa cruda del ladrillo), un trabajo muy desgastante, ya que eran tres o cuatro camionadas, unas 800 carretillas llenas”. Así fue como logró pagar todas las deudas que le había dejado aquella fallida campaña sojera.

De hacer quinta a
trabajar para la Comuna
Pero a través de un crédito de la provincia de Santa Fe para microemprendimientos, la familia compró un tractor y alquiló seis hectáreas para también hacer quinta. “Como la tierra negra (materia prima para hacer ladrillos) se había terminado y hubo que comprar afuera y traerla con camiones, el trabajo en el horno de ladrillos se hacía cada vez más complicado y desgastante, por lo que dejamos esa actividad y nos dedicamos básicamente a la quinta”, recordó Lecussán. “Producíamos gran cantidad de sandías, zapallos, camotes y calabazas, pero el problema era que nos pagaban muy poco, por lo que también tuvimos que abandonar la actividad”, lamentó.
Fue así que el ingenio de la familia se orientó hacia otra posibilidad laboral. “Se me ocurrió ofrecerle a la Comuna de General Gelly realizar, con mi tractor, el servicio local de recolección de residuos, como una manera de tercerizar el trabajo, tarea que finalmente realicé durante ocho años con la ayuda de la familia y personal comunal”, señaló el entrevistado.

Incursión en la
cría vacuna
Claro que al mismo tiempo que trabajaba para la Comuna, y como a Lecussán siempre le gustaron los animales, comenzó a criar algunos terneritos “guachos”, iniciándose así con un manejo muy particular, en una actividad y medio de vida que le dio muchas satisfacciones a su familia y que actualmente continúa siendo su principal sustento económico. Veamos: “Con el tractor iba a buscar chala de maíz a una planta de granos cercana, la cual cambié por algunos terneros guachos en un tambo vecino, para poder iniciarme en la actividad, atándolos en el patio de mi casa y el mismo tambo nos vendía la leche para criarlos”, describió. “Luego, cuando los terneros eran más grandes, los llevé a un lote ‘bajo’ que me prestó un amigo y más tarde conseguí que el encargado de la estación del ferrocarril me prestara los terraplenes de las vías, que estaban en desuso, y tenían mucho pastizal natural”, continuó.
El terraplén de las vías, buen ambiente para aprovechar
Fue así que Lecussán comenzó a utilizar un tramo del terraplén de unos 2,5 kilómetros de largo, desde General Gelly hasta el Arroyo del Medio (límite interprovincial entre Santa Fe y Buenos Aires), por unos 30 metros de ancho, -unas 7,5 hectáreas- colocando un boyero eléctrico para delimitar el terreno y evitar que se escaparan los animales.
“Al tramo lo repartí en parcelas para ir rotando los animales a medida que iban consumiendo el pasto natural, aprovechando también el arroyo para que tomen agua”, comentó. “A los terneros los vendía recriados con 180 kilos, peso que alcanzaban antes del año de vida, ya que ganaban medio kilo diario, y también tenía varias vacas de cría que había cambiado por terneros y un toro”.
Asimismo, el entrevistado recordó que “también ordeñabamos y vendíamos leche, trabajo con el cual mi hijo (Cristian) se pagó el viaje de estudios del colegio secundario”.

El plantel se agrandó
y consiguió 10
hectáreas más
Con el tiempo, la familia ya contaba con un plantel de unos 30 animales y fue sustituyendo los ejemplares de tambo por cruzas de razas carniceras, por lo que el terraplén del ferrocarril les comenzó a “quedar chico”, y había que encontrar una solución. “Un vecino me prestó un lote ‘bajo’ de unas 10 hectáreas que se encuentran a la salida del pueblo, entre los dos puentes que cruzan el Arroyo del Medio, a cambio de que se lo alambrara, trabajo que fui realizando de a poco, ya que era una tarea muy costosa”, explicó Lecussán.
Actualmente, como las lluvias acompañaron, indicó que con la superficie que trabaja, el pasto natural le alcanza y le sobra para todo el plantel.
“Además el año pasado a la vera de las vías sembré achicoria y alfalfa y este año alquilé 4 hectáreas donde hicimos una pastura consociada de alfalfa y festuca para la invernada”, remarcó el entrevistado.
Claro que en el invierno, cuando la producción de pasto escasea, Lecussán debe suplementar con rollos, aunque aseguró que le rinde más comprar maíz.

También se la
“rebuscaron”
para criar cerdos
En tanto, como se dice vulgarmente, la familia también “se las rebuscó” para criar cerdos a la par de los terneros, a través del mismo manejo de trueque, un sistema tan particular como efectivo para Lecussán.
“La chala de maíz también la cambié por algunos cerdos como para arrancar, y para poder criarlos; un señor me prestó un lugar en su criadero, a cambio de darle de comer a sus cerdos”, recordó. “Después traje tres chanchas que las criamos a porcentaje, ya que cuando la chancha paría, la mitad de los lechoncitos eran míos y el resto del dueño”, apuntó.
De esta manera, Lecussán también comenzó bien desde abajo con el criadero de cerdos, en el que llegó a tener unos 250 animales e incluso facturar 50 ejemplares por año para fabricar y vender fiambres y embutidos frescos.
Pero este año la familia trabaja con unos 100 animales que se encuentran en el criadero ubicado en un rincón de las cuatro hectáreas alquiladas. “Como ahora ya no podemos trabajar tanto, no tengo madres, sino que hacemos recría, lo que nos da una buena rentabilidad en menos tiempo que el ternero”, indicó. “Compro lechones y los recrío con chala de maíz que consigo y la compra de expeller, maíz y un núcleo concentrado para terminarlos y venderlos como gordos con 100-110 kilos, e incluso una tanda de animales los criamos a medias con mi hija Paola”, explicó.

La cría de animales: principal recurso
y capital económico
Lo cierto es que actualmente la familia Lecussán cuenta con un plantel de más de 40 vacunos y unos 100 cerdos para producción de carne, distribuidos en en unas 22 hectáreas.
En la actividad, continúan trabajando diariamente “Choli” y su señora, acompañados cada fin de semana por sus tres hijos, Cristian, quien se graduó como médico en Rosario y ahora vive y trabaja en la ciudad de Buenos Aires; Evangelina, docente que vive y trabaja en Pergamino y Paola, analista en sistemas y gestora que también vive en Pergamino y estudia para maestra.
“La cría de animales fue la forma más factible que vi para poder hacer estudiar a mis hijos y dejarles algo en la vida, ya que no tengo ni un metro de campo, por lo que todo siempre fue sacrificio”, expresó el entrevistado. “Pero siempre salí a trabajar a media mañana, porque más temprano prioricé estar con mi familia para poder disfrutarla”, destacó.
La importancia de la incondicional ayuda de la familia
Por eso, para Lecussán, el pilar fundamental para poder salir adelante económicamente y hacer estudiar a sus hijos fue la incondicional ayuda de su familia. “Mi señora fue una madraza y gran compañera, ya que siempre trabajó a la par mía y estuvo encima de los chicos, quienes también siempre ayudaron, porque por ejemplo Cristian estudiaba arriba del puente mientras cuidaba a los animales”, remarcó.
El entrevistado dice que otro gran compañero de trabajo hasta la actualidad es su caballo “Turco”, que lo tiene desde hace nueve años y asegura que el medio rural es un ámbito que permite trabajar en libertad y poder progresar económicamente y como familia a través del sacrificio y la dedicación. “No entiendo cómo hay gente que tiene, por ejemplo, 100 hectáreas de campo y económicamente se queja, con la cantidad de actividades que se pueden hacer”, reflexionó con absoluta lógica. En definitiva, esta interesante historia familiar puede resumirse en una frase que siempre utilizaron los Lecussán: “Si la educación te parece cara, ahorrá con la ignorancia”.

Luciano Venini



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