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» ESTAMPAS DE NUESTRA GENTE


El fino y muy antiguo arte talabarteril con perfume de mujer

Graciela Antonia Roso es una fina y destacada representante de la talabartería criolla. Nuevo ABC Rural la visitó en su acogedor reducto de la localidad de El Talar, próxima a la ciudad de Buenos Aires.

Página sin nombre

En materia de artesanías, los días que corren muestran una legión de hombres que producen superlativamente “prendas” de pura plata; cuero crudo, (soguería); teleros; herrería; cuchillería... y varios etcéteras.
Sí, no se equivocó, dije hombres, pero ocurre que en el rubro talabartería, una joven, agraciada e inteligente señora bonaerense, inscribe su cuño entre los más cotizados de la especialidad. Usted podrá automáticamente pensar: “Pero, el columnista ha visto poco...” y contesto que no; considero que todo lo contrario, pues lo que siempre me cautivó de la mujer artesana de pilchas criollas es su concurso en tejidos de ponchos, matras, fajas o ligas.
Por ejemplo en sogas, he visto y tratado a muchas de ellas, sencillamente sobresalientes; en platería, ahora mismo se advierte la presencia y la mano femenina en varios talleres, y en otros rubros afines a la confección de prendas de ensillar o de la indumentaria paisana, son ya definitivamente, importantísimas...
Pero en la talabartería, repito, fue sorpresa y muy grata. Sobre todo por lo que significa esto de repujar caronas y/o ribetearlas con cuero de yagüareté; cortar, armar y repujar las faldas de un lomillo; crear tiradores de la corambre animal que el lector imagine: ciervo, jabalí, yacaré o ñandú. También trabajar en telas como terciopelo o felpa, finamente bordadas con mostacillas o canutillos y un remate de gran factura para los bolsillos, con sobrios materiales contrastantes que sencillamente atrapan y deslumbran.
A todo eso debe agregarse lo fino, creativo y exclusivo de la factura de las vainas para cuchillos. De una calidad insuperable, diría, la capacidad creativa expuesta, la robustez de las prendas.
Asociado a eso, la estética del remate y la increíble combinación de materiales que utiliza la señora Graciela Roso, dan un toque de sobriedad, fineza y autenticidad a todos los productos que salen de sus manos.

Entre sacabocados, media-lunas, leznas, zapatillas de punta y el organdí del tutú
En mi opinión, el creativo incrementa su inspiración y su inventiva, movilizado por su entorno, sobretodo si su hábitat le proporciona intimidad, calidez, coloratura empírea y un fresco y respirable aire, generosamente acogedor... Eso se percibe al ingresar a la muy sobria vivienda de la artesana: un cerco vivo, un verde e inmenso parque, que cuida y labora ella misma, el natatorio, el “relajante” estanque de los peces, la huerta, su orgullo, y al final, casi oculto por la tupida sombra de los añosos y corpulentos tilos, alcanfores y plátanos... “su reino”: el taller.
Antes que imaginariamente usted ingrese a él, debo decir, que todo El Talar, a pocos kilómetros de la espasmódica Capital Federal, ofrece esa quietud provinciana. Ahora si, le ruego me acompañe... ¿A usted lo emociona y atrapa todo lo que tenga que ver con el hecho tradicional? Entonces, descuento que lo impactará, pues esto es una balanceada mezcla de antiguo galpón de estancia, sí, el de los aperos y los carruajes, con una moderna sala de eventos.
Allí pueden verse la larguísima mesa de trabajo, las vitrinas, los caballetes con juegos de lomillos y caronas, matras y “agüayos” (1), y el distinguido toque femenino, para exhibir su impecable producción, ayudada por la brillante iluminación. Acompañando todo eso tan artesanal, las modernas máquinas de coser, los tiesos maniquíes con ponchos listados y pampas con guardas jerárquicas; en el tablero de herramientas, sobre la pared, muestran en uniformada disposición su antigua legitimidad “media-lunas” todas, Blanchard-Francia (2), sacabocados, punzones de repujar, viejas y tan útiles leznas, grandes semicírculos de madera con transportador, escuadras, metros y muchísimos moldes.
Más allá, en un rincón especial, la “materia prima”: la corambre animal que usted pida o imagine...: yaguareté, el tigre regional; chancho salvaje, ciervo, potro, lagarto overo y negro... y hasta de elefante, pues allí hallan artísticas fundas y cananas, para sus exóticas armas blancas y de fuego, los aficionados a la caza mayor.
Tiempo atrás Roso proveyó fundas para armas reglamentarias a los arsenales navales; importantes empresas nacionales, se abastecen de fina regalería en cuero para sus clientes... Todo esto lo muestra hasta con timidez, casi, ésta virtuosa creadora que en su adolescencia incursionó en la danza clásica, formando parte del Ballet Juvenil de General Pacheco. Se advierte en ella la inclinación que tiene por lo sensible, lo gestual, lo bello, caudal que termina imprimiendo a sus exclusivas creaciones.

Talabartera y algo más
- ¿Cómo es un día de su vida?
- Agitadísimo. Mamá desde muy temprano, desayuno para las chicas y para mí, traslado al colegio, luego caminatas o rutina gimnástica y “taller”, no menos de 8 a 10 horas diarias. Desde luego, cocino, lavo y hago tantas otras cosas propias del hogar. Le garantizo que el día, para mi, debería tener más horas.
- ¿Conoce a otras mujeres con su profesión?
- No puntualmente en talabartería y la rama marroquinera. Sí en platería, sogas y, sobre todo, teleras.
- En materia de pilchas criollas, lo suyo ¿se ajusta a lo tradicional?
- Entiendo que en mi profesión, es el buen gusto lo que finalmente se impone y trato que juegue junto a lo genuino, pues acépteme, que hoy los tradicionalistas son muy exigentes en materia de prendas. Por eso, cuando en mi concepto todo eso se conjuga, he logrado el objetivo. En cuanto a patrón o escuela, me inclino por la clásica y más antigua; opino que en la confección de pilchas criollas, no hay espacio para reformas exóticas.
- ¿Es detallista y muy ordenada?
- Ambas cosas; obsesivamente detallista, diría, tal que exijo que todo debe pasar por mis manos.
- ¿Le intimidan las entrevistas?
- Más bien diría que me comporto extrovertidamente, sobre todo si el interlocutor no es avieso.
- ¿Es coqueta?
- Si ser coqueta es ser, sobre todo, femenina, que es a mi juicio, lo que en definitiva “seduce” en el acto de la operación de venta al cliente, y si éste es hombre... lo soy, sin caer en la frivolidad.
- ¿Se canibalizan su profesión con el maquillaje, cremas y fragancias?
- No, cuando todo es utilizado en su justa y exacta medida.
- De no ser artesana, ¿qué profesión o actividad le agradaría desarrollar?
- Por mi amor a los caballos y mi buen manejo de ellos, años atrás cuando daba talla y peso, me instaban a que fuese jocketa; finalmente lo deseché. Pero algo que no descarto definitivamente, es poder ser herradora de caballos. Creo que aunque sea como complemento, lo intentaré.
- ¿Una anécdota?
- Si me promete que lo va a publicar... contaré: que usted como cronista, no es la excepción en poseer un tirador de mi factura, sin saberlo. Y que desde antes de conocerme, ponderó mis habilidades culinarias, en una reunión con amigos comunes, con cena incluida, sin imaginar siquiera mi actividad talabarteril...¿es así?
- Absolutamente cierto, señora... nobleza obliga.

* * *

La entrevista llega a su término y la conclusión es algo desde todo punto de vista, insoslayable: que la tradición, no es solo cosa de hombres... Claro, pero esto no es nuevo, podrán decir los puristas. Y sí... es cierto, si se tiene en cuenta que la paisana primigenia llenó de finísimos “cribos”, los largos y albos calzoncillos de su hombre, y también bordó delicadamente “la chuspa”, tabaquera de cogote de ñandú, engalanó aperos, bordando ricamente sobrepuestos y sobrecinchas de felpa y se animó a entrelazar sus iniciales con las de su amado añadiendo: “A quien me ha robao el sueño”, en una esquina de un poncho castaño.
Entonces estamos de acuerdo en que es novedoso, pero no raro, que nuestro perfil de hoy, sea la imagen rediviva, de aquellas ancestrales artesanas antiguas.
Y nos vamos impactados por el lugar y sus habitantes, pues por aquí se puede respirar aire campero, que en su medida, “engorda, delicadamente, el alma”.

Raúl Alfredo Galarza



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