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La nueva generación del campo
Página sin nombre
Desde el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral de Rosario, encuestaron a 502 productores de las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe que en conjunto siembran unas 700 mil hectáreas. El motivo de la encuesta es la búsqueda de las políticas estratégicas que tiene el sector, lo que consideran el ADN de los agentes de cambio que son los productores.
Entre los resultados obtenidos, aparece una interesante fotografía de la estructura productiva argentina, que muestra algo más que el modo de explotación, las superficies cultivadas, los volúmenes de producción o las técnicas empleadas.
Esa encuesta marca un dato más que relevante: el 50% de los productores son jóvenes, capacitados, comprometidos y emprendedores, que no superan los 44 años. Y no es ese un dato menor.
Desde las Naciones Unidas se pregona que los actuales desafíos de la agricultura (equidad, sostenibilidad, rentabilidad y competitividad) exigen como condición indispensable contar con una nueva generación de hombres y mujeres rurales modernos, que tengan la voluntad de cambiar y progresar con el fruto de su propio esfuerzo y que tengan los conocimientos, habilidades y destrezas que esos cambios requieren.
Eso en la Argentina ya viene ocurriendo y el progreso es evidente. Una nueva generación irrumpió hace algunos años, cuando fue tomando contacto con los estudios agronómicos y con las nuevas tecnologías. Claro que una vez adquiridos esos conocimientos, debió luchar para poder aplicarlos en su explotación familiar, aferrada como estaba a antiguas tradiciones y modalidades de trabajo.
Pero finalmente los hechos le fueron dando la razón y a esa generación ya le sucedió otra, que es la que registra la encuesta. Son aquellos a quienes ya no les son desconocidos conceptos como la informática, las comunicaciones inalámbricas, la agricultura de precisión, el mapeo satelital, la siembra por ambiente, la ingeniería genética, los bonos de carbono y tantas otros avances tecnológicos, que un par de décadas atrás parecían ciencia ficción.
Ese es el perfil de la mayoría de quienes participan de las actividades de capacitación promovidas desde entidades e instituciones, como fue el reciente n Congreso de Aapresid. Son aquellos que se encuentran ávidos de conocimiento, que toman la actividad con el mismo cariño y afecto que sus antecesores, pero con una consigna diferente: la búsqueda de eficiencia por sobre todas las cosas. Como un gran desafío donde volcar sus conocimientos, adaptándose a los cada vez más rápidos cambios tecnológicos propios de la globalización que vive la humanidad. Son esos que acarrean el ejemplar espíritu de trabajo y sacrificio de sus padres, pero que ahora le agregan sus conocimientos y su sed de progreso.
Y esa generación a su vez ha engendrado otra más, que viene con un valor agregado muy importante: el nacer en contacto con toda la nueva tecnología. A ellos no les preocupará nada de lo que a los mayores les sorprende o complica, y de ese modo la adopción de nuevos conocimientos será más rápida y efectiva aún.
Estamos asistiendo a una prodigiosa transformación de los estilos productivos, donde cada explotación agropecuaria es una empresa, en la que se debe aplicar toda la tecnología disponible de la manera más eficiente posible, gerenciando y organizando. El productor en muchos casos él junto a su familia- está cumpliendo una verdadera función de empresario, capacitando a los recursos humanos, coordinando, motivando a los demás.
Alguien dijo: una organización debe funcionar bien para poder crecer, porque las empresas bien organizadas van a ser más competitivas en el futuro. En eso, justamente, piensa esta nueva generación.
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