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Alternativa al trigo y también al girasol
Es una planta muy rústica que se “banca” la seca,
no tiene problemas de plagas, requiere poco nitrógeno, tiene un mercado firme y buen precio con bonificación de materia grasa. Puede producir entre 1.500 y 1.700 kilos de granos por hectárea.
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Ante la dificultosa tarea de comercializar trigo y producir girasol, muchos productores del sudeste bonaerense comenzaron a incursionar en cultivos alternativos para la zona, en busca de mejores resultados agronómicos y económicos.
En ese sentido, en las últimas campañas se fueron inclinando por alternativas productivas como el coriandro, la mostaza o el garbanzo, tal cual lo vino testimoniando Nuevo ABC Rural en ediciones anteriores.
Pero otros innovadores de la zona decidieron apostar al cártamo (Carthamus tinctorius L.), una planta anual, de la familia de los cardos y adaptada a climas cálidos y secos, cuyo uso más importante es como aceite comestible. Se trata de un cultivo que puede ser sembrado y cosechado con los mismos equipos utilizados para los cereales de cosecha fina, y que históricamente había encontrado un área de desarrollo importante en provincias como Salta, Santiago del Estero, Chaco, Catamarca, Jujuy y Tucumán, donde se siembran alrededor de 80.000 hectáreas.
Pero a partir de los buenos resultados obtenidos, la región de Mar y Sierras bonaerense también le sienta bien al cártamo, donde si bien agronómicamente ocupa el lugar del trigo -ya que se siembra en invierno- productivamente se lo compara con el girasol -un cultivo muy tradicional de la zona- sobre el cual el cártamo ofrece varias ventajas. Además también se lograron buenos resultados en el sudoeste y hacia el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, en la región más árida.
Experiencia pionera en Adolfo Gonzáles Chávez
Para conocer los resultados alcanzados a través del cultivo de cártamo, Nuevo ABC Rural dialogó con Jorge Lucea, uno de los pioneros en la producción de la oleaginosa en el sudeste bonaerense, quien se refirió a su incursión y experiencia en el cultivo, y al manejo aplicado durante la campaña 2010/11 en su establecimiento “El Abuelo”, en el partido de Adolfo Gonzáles Chávez.
“Hace unos años hice un viaje a Paraguay y observé algunos lotes de cártamo, y como me gustó el cultivo, conseguí un poco de semilla que me trajeron de Tucumán y comencé sembrando fuera de época sólo tres hectáreas como para ver qué pasaba, y observé su fortaleza”, señaló Lucea. “Por eso al otro año volví a sembrar 50 hectáreas, para luego, y hasta la actualidad sembrar entre 100 y 200 hectáreas anuales”, continuó.
En definitiva, el entrevistado hace cuatro años que siembra cártamo, un cultivo sobre el cual opina que debe desarrollarse y sobre el que –reconoce- hay muchas cosas que aprender, ajustando el manejo para encontrar lo más adecuado para la zona y realizando ensayos buscando los mejores resultados.
Por sus ventajas comparativas decidió reemplazar al girasol
“Me gustó porque es un cultivo muy noble que se ‘banca’ la seca; no tiene problemas de plagas, ya que la isoca no aparece, a las langostas y los pájaros los repelen las espinas; y el requerimiento de nitrógeno es bajo, por lo que es una planta muy rústica, que sólo necesitaría la aplicación de algún fungicida”, indicó el productor. “Además -agregó- tiene un mercado firme y buen precio tomado como referencia del girasol que anualmente va mejorando e, incluso, a partir de este año nos consideraron la materia grasa”.
En ese sentido, debido a sus características productivas, Lucea compara al cártamo con el girasol, cultivo sobre el cual ofrece muchas ventajas. “Requiere muchísimos menos insumos -destacó-, la semilla a utilizar puede ser de producción propia, mientras que de tener que comprarla su costo es bajo; la maquinaria para sembrar y cosechar es la misma que para grano fino, y se obtienen rendimientos similares o incluso mayores al girasol”, enumeró.
Por esa razón, el entrevistado afirmó que al ser una planta mucho más rústica y sencilla de manejar, “ya tomé la decisión de reemplazar el girasol por el cártamo; es más, ya vendimos todos los implementos girasoleros”.
Características de una planta rústica
Dependiendo del manejo del cultivo, material genético y condiciones ambientales, la planta puede medir entre 50 centímetros y 1,5 metros de altura.
La semilla normalmente es blanca y brillosa. Germina entre una y tres semanas, dependiendo de las condiciones de temperatura y humedad del suelo.
Luego de la germinación, se conforma un estado de roseta que crece lentamente y, al mismo tiempo, la raíz penetra profundamente en el suelo. Una vez desarrollada, puede alcanzar una profundidad de 2 a 3 metros. Es fuerte, pivotante y, también, cuenta con raíces laterales horizontales más finas. Las características de la raíz le permite a la planta tomar humedad y nutrimentos con mayor eficiencia que otras especies, lo que le confiere la capacidad de sobrevivir y producir en condiciones de baja humedad y fertilidad.
Las cabezuelas florales se encuentran en la parte terminal, de tallos ramificados y espinosos. Su color puede ser rojo, naranja, amarillo o blanco. Cada capítulo puede tener entre 15 y 30 semillas, similares al girasol, pero algo más cortas; su color normalmente es blanco, pero también puede ser grisáceo.
El cártamo es poco tolerante a condiciones de alta humedad. Suelos saturados reducen la emergencia y, aun por cortos períodos, el encharcamiento reduce el stand de plantas en forma significativa.
Suelos con pH neutro a levemente alcalinos y de buen drenaje, resultan los ideales para el cultivo.
Teniendo en cuenta la resistencia del cártamo a la sequía durante su ciclo de desarrollo (inverno - primaveral), en zonas donde los aportes de agua por lluvias son escasos, la acumulación de agua en el perfil resulta indispensable para lograr rendimientos aceptables. La demanda hídrica total del cultivo oscila entre los 350 y 400 milímetros y se pueden lograr rindes de entre 900 y 2.000 kilos por hectárea.

Planteo productivo durante la campaña 2010/11
El cultivo es relativamente fácil de producir, se siembra después de la cosecha de soja a la que se le hace un barbecho tradicional para limpiar malezas que quedan de la oleaginosa.
“A través de algunos ensayos vimos que lo ideal en la zona es sembrar entre mediados y fines de julio, pero no muy temprano porque lo afecta la helada. Pero el año pasado, por una cuestión de tiempo y logística, la siembra se atrasó un mes y se hizo a principios de agosto con una sembradora a chorrillo”, recordó Lucea. “Se sembraron 8-10 kilos por hectárea a 40 centímetros entre hileras, y si bien es un poco lento para nacer, luego se desarrolló muy bien”, apuntó.
La semilla de buena calidad (nueva) es fundamental para poder lograr un resultado productivo óptimo, ya que su importancia radica en que determina la densidad del cultivo y el vigor de la planta, que será más eficiente en el uso del agua y logrará mayor rendimiento y materia grasa.
“Utilizamos -remarcó- una semilla que se adaptó muy bien a la zona, una variedad alto oleico traída de Tucumán y de producción propia del año anterior, porque también ya estoy preparado para poder vender semilla, a un precio que hoy ronda los 3 mil pesos la tonelada, o sea 300 pesos los 100 kilos, por lo que con 30 pesos se siembra una hectárea. Es muy económica”.
“Luego sólo se aplicó un graminicida, y si bien nunca hemos aplicado fungicidas, en etapa de floración se debe vigilar la presencia de un hongo que también afecta al girasol”, consignó el entrevistado.
Las lluvias en llenado de grano ayudan muchísimo al peso de los granos y el rendimiento se incrementa notablemente, pero lo principal es que tenga agua en el momento de la diferenciación de las flores, eso es a los ochenta días de implantado.
El desarrollo del cártamo tiene una etapa de roseta, de vara, luego una ramificación, después aparece el botón floral, la floración, llenado de granos y madurez fisiológica.
Llegó la cosecha: buenos rendimientos
La cosecha es muy sencilla, ya que se hace con la misma máquina utilizada para soja o trigo. “Normalmente se realiza a fines de enero, aunque este año se nos atrasó un poco, pero siempre utilizamos una cosechadora convencional”, manifestó el productor.
En el norte (Salta, Santiago del Estero, Chaco, Catamarca, Jujuy y Tucumán) los rindes de cártamo pueden alcanzar los 2.000 kilos por hectárea, y si bien en el sudeste bonaerense se llegan a producir entre 1.500 y 1.700 kilos (muy similar al girasol), Lucea dijo que debido al retraso de la siembra (agosto) sólo alcanzó los 1.400 kilos, aunque –de todos modos- consideró que es un buen resultado.
“Si se siembra temprano, la planta desarrolla buena raíz, y el problema del retraso es la falta de tiempo para lograrlo, un órgano fundamental para que la planta pueda aprovechar al máximo el agua y los nutrientes”, explicó.
Comercialización sencilla y con demanda internacional
La comercialización del cártamo es sencilla y siempre presenta demanda en el mercado internacional, por lo que la misma estaría asegurada sin mayores contratiempos, como suelen acarrear otros productos.
En el sur bonaerense, el mercado del cártamo opera en la ciudad de Bahía Blanca, y al no ser un commoditie, sino una especialidad, toman como base el precio del girasol, más la bonificación por materia grasa.
“Si bien las comercializadoras normalmente quieren realizar contratos previos, yo me manejo fuera de ese circuito por una cuestión de libertad, y nunca me quedé sin vender la mercadería”, señaló el entrevistado. “Este año el precio pagado fue de 1.400-1.500 pesos la tonelada, más la bonificación por materia grasa que en mi caso fue del 16%, a partir de un análisis previo de la mercadería”, destacó.
Agregó Lucea que al entregar la producción en Bahía Blanca “el costo del flete no es excesivo” y, además, auguró que “seguramente en poco tiempo se podrá llegar a comercializar en Necochea, un puerto más cercano todavía”.
En definitiva, este testimonio permite comprobar que el cártamo es una oleaginosa promisoria no sólo por el mero atractivo de los precios actuales, sino por las características intrínsecas del producto y por tratarse de una especie que puede cultivarse en extensas áreas de nuestro país.
Como alternativa productiva no estival y adaptada a la semiaridez, esta especie permite extender el período de cultivos, disminuyendo la estacionalidad de la producción agrícola de secano y las consecuentes variaciones en el flujo de insumos y productos como el de egresos-ingresos de las empresas.
Luciano Venini
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