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Queda atrás un año difícil para el sector

En los umbrales de un nuevo año, quedan en el camino doce meses difíciles para el sector agroindustrial que reacomoda sus estrategias para afrontar lo que se viene.

Finaliza un nuevo año y la caída de las hojas del almanaque invitan a repasar lo ocurrido durante los últimos doce meses y avizorar qué podrá pasar en el futuro.

Casi siempre ocurre que los resultados–generalmente de tono optimista- no coinciden con las predicciones y los augurios que hacemos los argentinos al final de cada año, basados en la fe y la esperanza de tiempos mejores,

Hablando del sector agroindustrial el año 2018 no fue la excepción. Es que nadie imaginó, por ejemplo, que el país debiera soportar la peor sequía de los últimos 50 años, que provocó una pérdida de producción de 30 millones de toneladas de granos, y una caída en los ingresos de US$ 7500 millones. Y también afectó el ritmo de la ganadería por su impacto en la producción forrajera que llevó a aumentos en la tasa de faena.

Como tampoco nadie suponía hace doce meses que en poco tiempo más la economía del país iba a afrontar una crisis económica que llevó la cotización del dólar de 20 a más de 40 pesos, que la inflación se elevaría hasta casi el 50%, que se debería recurrir al Fondo Monetario Internacional para una ayuda sin precedentes, que el crédito –motor del desarrollo económico- quedaría fulminado, que los derechos de exportación para el agro retornaran o detuvieran su anunciada reducción y que la presión tributaria alcanzara niveles asfixiantes.

Pérdidas por 8.000 millones de dólares, rubros de actividades que vendieron un 30% menos que en 2017 y una macroeconomía que todavía muestra síntomas preocupantes, fueron el saldo.

Ahora todo se deberá recomponer adaptándose al nuevo escenario que cuenta con un componente que no es menor: 2019 será un año electoral, que vendrá embebido en elecciones desdobladas en varias provincias, con una creciente polarización entre la alianza Cambiemos y el posible retorno del populismo kirchnerista, que mucho preocupa a los sectores productivos y empresarios.

Probablemente este último semestre de 2018 sea el peor de los últimos años, aunque la cosecha de trigo récord que se está registrando –unas 19 millones de toneladas- y las perspectivas de una cosecha gruesa que promete ser muy buena, abren una ventana esperanzadora. Por ahora, entonces, se trata de aguantar. Como se pueda.

Tal vez el dólar se mantenga estabilizado, la inflación descienda algo y las tasas de interés se reduzcan. Pero eso no quiere decir que los problemas quedarán resueltos. Eso llevará mucho más tiempo y el futuro estará atado a los resultados electorales. En definitiva, 2019 no será un año fácil.

La otra cara

Este repaso pesimista, no es sino el costado realista. Pero pongamos en el otro platillo de la balanza las cosas positivas que pueden resumirse con una frase remanida: el agro no se detiene, no se entrega, afronta las dificultades, apuesta y sigue.

Tengamos en cuenta los siguientes datos: Un trabajo elaborado por la Fundación INAI y la Cámara de Exportadores de la República Argentina da cuenta de la importancia del sector agroindustrial argentino en el mundo y en la economía local. Según el informe, Argentina genera el 3 por ciento de las exportaciones totales de bienes agroindustriales a nivel mundial. Por otro lado, este sector representa más del 15 por ciento del PBI, el 60 por ciento de las ventas externas y cuenta con más de 750 mil empleos registrados.

Varios acontecimientos ocurridos en 2018 demuestran también la garra y el empuje del sector.

Por ejemplo el posicionamiento de las carnes argentinas en países de Oriente, en un trabajo mancomunado del Gobierno y el Ipcva, sumado a la apertura de EE.UU. para nuestras carnes, luego de 17 años.

Deben destacarse también las esforzadas inversiones que las empresas siguen realizando, aunque acotadas, tratando de completar sus proyectos de desarrollo, con la confianza de un cambio en las cosas por venir.

Además las innovaciones tecnológicas no se detienen. Cada día se conoce alguna novedad producto de trabajos de investigación de técnicos argentinos, tanto públicos como privados, en rubros fundamentales como la genética vegetal y animal, la biotecnología la agricultura inteligente y la agroindustria en general.

Las perspectivas

Una reciente encuesta del movimiento CREA a casi 1.500 productores y asesores arrojó que el 52% de las empresas se encuentra en peor situación económica y financiera, pero el 86% piensa que en 2019 estará igual o mejor. Con todo, un 70% de los consultados aseguró que no cree que estén dadas las condiciones para realizar inversiones.

Pero la apuesta ganadora, prácticamente a corto plazo, está retemplando los ánimos, particularmente después de la cumbre del G-20, que mostró al mundo un rol destacado de Argentina, no solo como correcto anfitrión sino como potencia agroindustrial dispuesta a celebrar acuerdos para integrarse cada vez mejor en el mundo y aprovechar las oportunidades que desde los cinco continentes nos auguran.

Lechería y ganadería

La situación de los productores lecheros también presenta contrastes. Según el relevamiento de CREA, la deuda de los tamberos, expresada en días de facturación, alcanza en promedio los 52 días (la cifra más elevada de los últimos cuatro años) versus 41 días un año atrás. Asimismo, se registra actualmente un 28% de productores cuya deuda equivale a más de 60 días de facturación, valor que casi duplica al promedio de los últimos dos años.

En cuanto a la ganadería, los criadores consultados señalaron que en promedio planean incrementar la cantidad de vientres a entorar en un 5,1% versus 7,3% y 9,8% en noviembre de 2017 y 2016, respectivamente.

Asignaturas pendientes

Quedan eso sí, varias asignaturas pendientes, entre ellas, tal vez la más significativa sea el tratamiento de una nueva Ley de Semillas que alcanzó dictamen en la Comisión de Agricultura aunque no alcanzaron los tiempos parlamentarios para lograr la media sanción, que será una desafío para 2019.

Y también queda pendiente, entre otras cosas, corregir los problemas que ocasionan las asimetrías entre las regulaciones municipales, provinciales y nacionales, en relación a las aplicaciones de fitosanitarios.

Todo lo antedicho no es más que una incompleta síntesis de lo que significó este año que termina para la agroindustria en general. En páginas siguientes se reflejan testimonios de diversos actores que expresaron a Nuevo ABC Rural su visión en particular.

 


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