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Producción y devaluación: segundo semestre con “cambios”

La gran suba del dólar impactó fuertemente en todos los sectores productivos. Si bien para algunos vinculados a la agroindustria un dólar alto puede significar una mayor competitividad, para otros representa una reducción de los márgenes.

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Llegado mitad de año, luego de una siembra de trigo muy buena en la que se implantaron cerca de 6 millones de hectáreas, fue la hora de pensar en la campaña gruesa.
Iniciado el segundo semestre, según testimonios recogidos por Nuevo ABC Rural, las expectativas entre los integrantes de la cadena de producción de cara a la venta de insumos de la campaña agrícola gruesa eran muy buenas. “Luego de un buen comienzo de año para el trigo somos muy optimistas para lo que se viene, a pesar de los coletazos de la sequía del año pasado, más aun teniendo en cuenta la gran demanda de insumos que necesita el maíz, por lo que creemos que será una buena campaña al igual que lo fue la de trigo”, manifestaba entonces Miguel Morley, director general de Nutrien Ag Solutions América del Sur.
“Terminamos en junio con un cierre muy positivo, por lo que estamos esperanzados de tener una gran respuesta de productos y capacidad de abastecimientos en la gruesa”, apuntaba por su parte Mariano Bergoglio, jefe de marketing de Agrofina.
Asimismo, Sebastián Camba, gerente de marketing para Cono Sur de FMC, decía que los agricultores, pese a la situación económica buscarían apoyo para invertir. “Sabemos que el productor va a necesitar un estímulo en su situación financiera, ya que faltaron casi 20 millones de toneladas de cosecha a nivel país y eso se va a sentir”, lamentaba. “Pero, de todos modos, también confiamos en que el agricultor argentino siempre está a la vanguardia y buscando mejores rindes, invirtiendo siempre. Esto nos permite ser optimistas, por lo que esperamos un buen año para aumentar la tecnología y recuperar producción”, consideró Camba en aquel momento.
Los precios están firmes y las lluvias acompañaron
Por su parte, Ricardo Yapur, CEO de Rizobacter Argentina, pronosticaba que la campaña de granos gruesos 2018/19 sería muy buena en Argentina, ya que los precios están firmes y las lluvias “acompañaron”.
“El mejor indicador fue la campaña de trigo, donde hubo más superficie y tecnología; los productos más sofisticados y más costosos se vendieron rápidamente y para el final se vendió todo lo que iba quedando”, aseguró entonces Yapur. “Si bien hay muchos productores que están complicados porque los rendimientos fueron muy malos donde la sequía pegó muy fuerte, aquellos que tuvieron un buen rendimiento están en condiciones de invertir en tecnología apuntando a capturar estos buenos precios”, agregó.
En tanto Héctor Chaves, gerente de desarrollo de Sursem, consideraba que la superficie del cultivo de maíz “como mínimo será igual” que la campaña pasada, porque si bien se esperaba un mayor incremento, no superará al 3 a 5%, ya que “hubo mucha superficie destinada a maíz que finalmente fue a trigo, aunque muchos lotes trigueros luego incluirán maíz de segunda. A los plantíos de segunda se le suma el maíz tardío, otra muy buena opción en zonas donde climáticamente las siembras de primera son inviables”, señalaba Chaves a mediados de año.

La gran suba del dólar cambió el escenario
Pero a partir de agosto sorprendió la gran suba del valor del dólar, y con esa escalada, hasta mediados de septiembre durante la “era Cambiemos” el tipo de cambio promedio se incrementó un 165%.
Si bien para algunos sectores de la agroindustria un dólar alto puede significar una mayor competitividad, para otros significa que sus márgenes se vean reducidos ante una estructura productiva dolarizada. Por ejemplo, hay que considerar que un productor de soja adquiere fertilizantes cuyo precio se mueve el ritmo de la cotización de la moneda estadounidense; mientras que un productor ganadero que alimenta a sus animales con granos, ve modificado el valor de ese insumo de acuerdo a la referencia de los mercados internacionales.
En ese sentido, según informó Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), los cultivos con mayor participación de costos en dólares son girasol y maíz, con entre el 72 y el 61%, respectivamente, mientras que en soja la participación es del 59% y en trigo del 55%.
Por lo tanto, el precio interno de los granos, el valor de la hacienda en pie, y el precio del gasoil, tuvieron comportamientos dispares respecto a la suba del dólar. Pero nunca fueron positivos a la hora de calcular los costos de producción.
Los “fantasmas” de las retenciones
Para colmo, para los productores también volvió el “fantasma” de las retenciones. Ante la crisis cambiaria, la Sociedad Rural Argentina reiteró que los derechos de exportación son instrumentos distorsivos que desalientan la producción, la inversión, el empleo y el comercio exterior, como quedó demostrado en varias oportunidades a lo largo de la historia.
“Creemos que debieran existir herramientas superadoras para lograr la generación de recursos fiscales, que incluyan a todos los sectores económicos. El impulso a la producción es la solución que la Argentina necesita en el contexto de la emergencia cambiaria que arrastramos desde hace meses”, dice un comunicado emitido a principios de septiembre por la entidad ruralista.
“El mensaje del presidente Mauricio Macri en medio de una crisis que afecta el financiamiento del Estado, reflejó urgencias y una solicitud específica a todos los sectores exportadores de bienes y servicios, y por supuesto al campo como el principal generador de divisas. Las medidas anunciadas desde el Ministerio de Hacienda apuntan al corto plazo, y se manifiestan como transitorias en la búsqueda del necesario equilibro fiscal”, continuó.

Ganadería
En la producción de carne bovina, según informó CRA, la actividad de cría es la de menor porcentaje de costos en valor dólar (7%), seguida por la invernada, cuando se contempla el valor del ternero (14%) y el ciclo completo (17%), mientras que el feedlot (con ternero) es el sistema en el cual el porcentaje de costos dolarizado es mayor (31%).
La entidad indicó que “el precio de la hacienda en pie aumentó poco más del 73% desde fines de 2015, muy lejos de los índices de inflación que están cerca del 120% desde el comienzo del actual Gobierno; mientras que el precio en el mostrador que no pudo empatar las marcas de la inflación, se vio compensado por más exportación con un peso cada vez más devaluado”.

En carne el impacto es más lento que en lechería
En ese sentido, Alejandro Calderón, presidente de la Sociedad Rural de Pergamino, explicó que “como la mayor parte de la producción nacional de carne se destina al mercado local, el impacto es más lento que en la producción de granos y leche”.
Pero Félix Olivera, titular de la cabaña Don Tuco, de la zona de Arrecifes, lamentó que “el costo de los insumos subió y casi nadie te da un plazo cuando salís a vender o comprar”.
De todas maneras, Calderón, destacó que “igualmente seguiremos apostando al negocio ganadero, ya que como todos los procesos productivos son de lenta evolución, no se puede andar armando y desarmando todo el aparato de producción de un día para el otro”. Por lo tanto, indicó que “seguiremos tratando de cumplir con el compromiso de recomponer el stock y aumentar la producción para poder cumplir con la apertura de nuevos mercados de exportación que generan buenas expectativas, por lo que tenemos que adecuar a eso que se viene nuestros sistemas productivos para hacerlos más eficientes. La recuperación es lenta pero es auspicioso el futuro, sobre todo con el desarrollo de carnes alternativas, ya que el aporte de porcinos y ovinos son buenos sustitutos de la carne vacuna y así poder generar mayores saldos exportables para los nuevos mercados”.

Gran impacto en la producción lechera
En referencia a la producción lechera, el médico veterinario Eduardo Cogo del Centro Consultor Ganadero Pergamino, informó que dependiendo de su sistema productivo, la actividad tiene un componente en dólares de entre el 70 y 80% de los costos, ya que hay mucha tecnificación y depende mayormente de la comida concentrada, siendo el grano su principal insumo, tanto de soja como proteico y de sorgo y maíz como energético, que se cotiza en dólares.
“Esto se atenúa un poco en el caso de contar con producción propia, aunque los insumos como fertilizantes y agroquímicos dependen del dólar, y además para la gestión hay que tener en cuenta el costo de oportunidad de venta de granos”, explicó. “Asimismo toda la industria farmacéutica, reproducción, sanidad e higiene del tambos está muy vinculada al dólar”, apuntó.
Por lo tanto, aseguró Cogo, “los costos en dólares de los granos, insumos de producción de cultivos, fertilizantes y agroquímicos, aumentaron entre un 30 y 40%, y el resto de los insumos que tienen componentes nacionales se movieron entre un 15 y 20%”.
Como la lechería tiene el gran problema que todavía el mercado interno representa entre un 70 y 75% de la producción nacional, y está muy deprimido por una pérdida importante del consumo “hay que esperar que se recomponga el mercado interno y que la exportación empiece a participar cada vez más y que pueda trasladarse a los productores”.

La lechería trabaja
con una
pérdida del
15 al 20%
Mientras tanto, el productor lechero sigue “aguantando”, como Luis Peluffo, quien posee tambos en el oeste y norte bonaerense, y sur de Santa Fe. “El porcentaje de pérdida con que trabaja nuestro sector ronda entre un 15 y 20%”, lamentó. “El maíz para silo sigue costando unos 180 dólares la bolsa de semilla; no varió su precio en dólares, pero se incrementó la moneda estadounidense, con lo cual pega muy fuerte al sector”, ejemplificó Peluffo.
Asimismo, como existen insumos del tambo que están dolarizados pero otros no, para el productor lechero entran a jugar un papel preponderante los empresarios responsables que no dolarizan los precios de los productos nacionales, aunque admitió que “es lógico que todos los insumos que ingresan de afuera del país incrementaron sus costos a valor dólar”.

Cerdos: dos años de crisis profundizada por la devaluación
El sector porcino ya lleva casi dos años de crisis, pero ahora profundizada por esta devaluación del peso, que pone en jaque sobre todo a los pequeños y medianos productores. “El problema ahora es el fuerte impacto en el precio de los granos, con un crecimiento de casi el 100% respecto al precio del año pasado, una suba que no pudo ser acompañada en la misma magnitud por el precio del capón”, explicó Jorge Brunori, especialista del INTA Marcos Juárez, Córdoba.
“El maíz y la soja conforman entre el 60 y 70% del costo de producción del alimento, a lo que se le suman los aumentos de combustibles y tarifas de servicios como electricidad y gas, que representan un gran porcentaje de los costos fijos de un criadero, entre otros efectos negativos sobre los costos de producción”, apuntó.

Cayó venta de maquinaria agrícola por crisis de contratistas
Según un relevamiento realizado por las principales empresas fabricantes de maquinaria agrícola que operan en la Argentina, las ventas de tractores disminuyeron un 25% en los primeros ochos meses del año respecto al año pasado, ya que solo se vendieron 3.281 unidades, mientras que las 550 cosechadoras comercializadas en ese periodo representan una baja del 38% respecto a 2017. Esto se debe principalmente al desfinanciamiento y quebranto de los contratistas, entre el aumento del dólar y una inflación que cada día los golpea un poco más, siendo los mayores compradores del mercado con más del 70% de las maquinarias argentinas, y un eslabón muy importante en la producción agropecuaria, ya que brindan servicio en aproximadamente el 80% de la producción de granos de cultivos extensivos de la Argentina.
Si bien a principios de año había mucho entusiasmo, puntualmente desde lo climático luego de haberse superado la sequía, la economía no ayudó y en la actualidad la situación es muy compleja para los empresarios contratistas.
Por lo tanto, la desestabilidad de los costos genera mucha discusión a la hora de actualizar las tarifas por su servicio, las cuales fueron ajustadas en el mes de junio, aunque en la actualidad necesitan una nueva actualización, ya que los costos subieron estrepitosamente al ritmo del valor del dólar y su contaste inflación.

Una problemática anterior ahora agudizada
De todas maneras, el presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas (Facma), Jorge Scoppa, recordó que esta situación no comenzó con la crisis actual. “Desde hace tiempo los inconvenientes inflacionarios, el clima adverso y la falta de créditos blandos llevaron al sector de servicios a replantear su actividad, incursionando muchos de ellos al arrendamiento de campos con la finalidad de incorporar a su economía otro ingreso para paliar el escenario”, comentó.
“La inflación y el dólar aumentan los precios de los repuestos y, a su vez, como la mayoría de los productores y empresas nos paga en cheques hasta 90 días o más, la inflación los hace menos rentables”, explicó Scoppa, sobre un rubro que además debe lidiar con algunos productores grandes que siempre intentan pagar cifras inferiores a los establecido por su trabajo.





 


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