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Decisión que alteró el orden entre el campo y Gobierno

La transformación a “Secretaría” de uno de los ministerios más importantes del Estado nacional, enojó hasta el propio ministro, hoy secretario de Agroindustria, Luis Etchevehere. No solo perdió presupuesto, sino también poder de decisión en varios ámbitos

Página sin nombre

A fines de 2018, el Gobierno Nacional redujo de 18 a 10 los ministerios que conforman el Gabinete nacional que conduce desde inició de gestión Marcos Peña, acompañando al primer mandatario de Estado, Mauricio Macri. Los ministerios de Salud, Trabajo, Agroindustria, Energía, Cultura, Turismo, Modernización y Ciencia y Tecnología pasaron a ser secretarías y sus ministros ahora son secretarios, reduciendo significativamente la cantidad de acciones independientes.

Con esta reducción, el Gabinete nacional se convirtió en el más chico de América Latina, por debajo del de la Republica de Uruguay, que está conformado por 13 ministerios; Chile, que cuenta con 23 ó Brasil, que suma 24. En ese sentido, varios especialistas, asesores y políticos, se preguntan sobre el impacto que esto puede tener en nuestro país, analizándolo desde todos los puntos de vista

Un caso aparte es el del Ministerio de Agroindustria, ahora Secretaría -dependiente del Ministerio de Producción y Trabajo- que a pesar de ser administrador de un sector que motoriza a la economía nacional, fue degradado y bajado de rango, más allá de las críticas que esta decisión conllevó en el agro.

Sin embargo, no es una medida original. Desde 1898, cuando recibió categoría ministerial durante el Gobierno de Julio A. Roca y a lo largo de su rica y controvertida historia, la cartera del campo tuvo otras vicisitudes con altas y retrocesos (ver recuadro en página siguiente “Distintas jerarquías…”).

Para analizar la historia reciente, paradójicamente, luego de varios años funcionando como Secretaría, fue en 2009 donde sufrió un ascenso en el nivel de importancia en el Estado, justamente con el Gobierno de Cristina Kirchner, cuya gestión no reflejó el mejor vínculo con el campo - agrediendo a la producción agropecuaria con políticas cuyos efectos negativos aún se prolongan- pero que, sin embargo, le dio una importancia relativa a la cartera en su administración de Gobierno.

Luego, con la elección de Mauricio Macri como presidente en 2015, se suponía que aquellas malas experiencias no ocurrirían. A pesar de un comienzo propiciado de medidas positivas para los productores –como la reducción y quita de retenciones a las exportaciones de granos- y cuando nadie imaginaba un decreto de estas características, Cambiemos hizo lo que nadie esperaba.

Así fue que a comienzos de septiembre de 2018, tras álgidas reuniones de fin de semana en Olivos, en un momento crucial de la crisis financiera que estalló en abril, se anunció que el Ministerio de Agroindustria perdía su condición de tal, pasando a convertirse en una Secretaría. Primera mala noticia. Y que, en adelante, dependería del Ministerio de Producción y Trabajo. Segunda mala noticia.

¿Qué implica el cambio? Cuando un ministerio pasa a ser secretaría, pierde rango jerárquico. Técnicamente -porque habrá que ver qué ocurre políticamente- el secretario recibe instrucciones de su ministro. Es decir, pasó a estar en un plano inferior, con lo que ello conlleva.

¿Volverá atrás algún día?

Según una excelente editorial publicada por el diario La Nación en su edición del 26 de enero pasado, el fenómeno se potenció con el anuncio de que el Gobierno se desentendía del compromiso, ratificado hasta el cansancio durante la campaña electoral, de que no apelaría a nuevos derechos de exportación a carnes y granos. Estas situaciones llevó al descontento de una parte importante del sector agropecuario que comenzó a mirar con furia a la actual gestión que lo había enamorado en 2015. Actualmente, toda la cadena agroindustrial desea, espera y sueña con que el Gobierno rectifique “un nuevo error”. Sin embargo, a casi cinco meses de la decisión eso no ocurre. 

Además, durante 2018 Agroindustria fue el área de Gobierno que más ajuste realizó, sobre todo en direcciones muy importantes como el INTA y el Senasa, entre otras direcciones. La cartera que conduce actualmente Luis Etchevehere achicó los gastos un 32%, es decir $1225 millones menos que en la gestión anterior. Esta cifra cobra más significado si se tiene en cuenta que en el mismo período la inflación acumulada fue del 39,5%, según el propio Indec.

Pérdida de atribuciones

Hay mucha preocupación en el agro por las pérdidas suscitadas en la cartera debido al cambio. Este nuevo avance del área de Producción sobre Agroindustria encendió la alarma en la dirigencia del campo. Al respecto, Matías de Velazco, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), comentó su preocupación “ante la creciente pérdida de injerencia que tiene la Secretaría de Agroindustria”.

En un país donde la producción agropecuaria es muy importante, el haber pasado Agroindustria de ministerio a secretaría “ya es una luz de alarma”, a la que se le suma el recorte de atribuciones de acciones que son específicas de Agroindustria y son llevadas a otras áreas, “está claramente demostrado que es una secretaría que va perdiendo atribuciones”, dijo. Además, aseguró que el presidente de la Nación “debería tener en cuenta que en temas agropecuarios las decisiones correspondería que sean tomadas por funcionarios que conocen del tema”. El ruralista dijo esto en relación a que el actual ministro que encabeza el área de Producción y Trabajo –del cual depende Agroindustria- Dante Sica, tiene escaso conocimiento sobre políticas agropecuarias, ya que es licenciado en Economía, experto en desarrollo, política industrial y negociaciones internacionales y está más vinculado a la producción minera que a la rural.

Ventajas y desventajas

A diferencia de los ministros, los secretarios no son invitados regulares a las reuniones del Gabinete junto al Presidente, salvo que sean reuniones ampliadas, pero esto no sucede periódicamente. Existen varios ítems a tener en cuenta como ventajas y desventajas.

Pierden autonomía. “A Etchevehere le va a costar tomar decisiones sin consultar con el ministro. Teóricamente no podría tomar decisiones por fuera de lo que se decida en el gabinete de su propio ministerio, al que asisten los secretarios”, explicó una fuente cercana a la Secretaría.

Tienen menos peso simbólico. El asesor Juan Negri, politólogo y docente de Ciencia Política en la Universidad Di Tella, lo grafica así: “Cuando un Gobierno eleva una secretaría al rango de ministerio lo hace como una decisión simbólica, como una declaración de principios de su gestión”.

Relega independencia presupuestaria. En caso de que hubiese una orden presidencial que le ponga topes presupuestarios a cada ministerio, ahora el secretario deberá moverse con mayor cautela para discutir el presupuesto para su secretaría, ya que debe entrar en una estructura piramidal de la que no era parte.

¿Implica un ahorro? “Un ministro tiene más asesores, más secretarios administrativos y hasta más de un chofer. Si esa súper estructura se redujera al pasar a ser secretaría, podría implicar un ahorro pero de carácter más simbólico”, afirma Oscar Oszlack, doctor en Ciencia Política y en Economía y fundador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

 


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