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El crédito será una herramienta vital

La sequía pegó fuerte este año, en algunas zonas más que en otras. Los bancos pasarán a jugar un papel muy importante, tanto para financiar operativamente al productor, como para apoyar la renovación de equipos.

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Por estos días todos hablan de los efectos provocados por la notable sequía que azota buena parte de la región productiva núcleo de la Argentina en esta campaña 2017/18, incidiendo sensiblemente sobre los niveles productivos de la cosecha gruesa y, por consiguiente en su rentabilidad, y los efectos que eso tendrá sobre los saldos exportables y la recaudación fiscal del Gobierno.
Los datos son incontrastables y reflejan una cruda realidad que afectará a muchos productores, fundamentalmente a pequeños y medianos y modificará las reglas de juego respecto a la venidera campaña.
Sin embargo no es la primera vez, ni será la última, en que el clima juegue una mala pasada. También fueron muy severas las sequías ocurridas en las campañas 2008/2009 y 2011/2012, que los productores recordarán muy bien.
Y es sabido que sus dañinos efectos repercuten en toda la cadena, desde la provisión de insumos, pasando por la industria de la maquinaria agrícola y automotriz, el sector transportista, los servicios y, por consiguiente, en la dinámica económica regional que se desarrolla en los cientos de pueblos del interior productivo, que van de la mano del campo.
“La población de las ciudades grandes no toman conciencia de lo que esto significa; esto no atañe solo al campo sino a muchos otros sectores”, dijo un dirigente. Un economista, a su vez, aclaró que el 30% del empleo total en Argentina está implicado por la cadena de valor agroindustrial y afirmó que este año el PBI de Argentina se va a ver afectado por esta cosecha, “tal como pasó en el 2008 y 2009 que fue un 30 por ciento menos”.
Sin embargo el productor agropecuario –pequeño, mediano o grande- ya sabe que por ser una actividad a cielo abierto, está expuesto a estas alternativas y por esa misma razón está preparado para afrontar los años “malos”, sabedor de que en algún momento llegarán.
Está en su espíritu afrontar las dificultades para sobrellevar el mal momento poniendo esfuerzo, austeridad y muchas ganas. “La estamos remando pero nada que ver con el año pasado, esperamos que se revierta esta situación y más adelante vengan tiempos mejores”, resumía un productor del sur cordobés.
Pero los productores no están solos. Los eslabones que integran la cadena son caja de resonancia de todo lo que les pasa y, en consecuencia, también ponen su grano de arena para ayudarlo a sobrellevar la tormenta de la mejor manera posible.
Esa ayuda básicamente se llama “crédito” y llegará por parte de los proveedores de insumos y bienes, mediante refinanciaciones y extensión de plazos mientras que, las entidades bancarias, brindarán líneas especiales con tasas bonificadas y mayores plazos, porque todos saben que de ellos depende que la rueda siga girando. Y le pondrán el hombro, como tantas otras veces ocurrió.
Como reflejo de esa realidad, en páginas siguientes se publica un informe donde las principales entidades crediticias exponen las facilidades que ofrecerán este año al productor (Banco de la Nación, Banco Provincia de Buenos Aires y los bancos Macro, Galicia y Credicoop). Asimismo se recogen los testimonios de representantes del sector proveedor de insumos, de los contratistas rurales –agrícolas y forrajeros- aeroaplicadores y del sector agroindustrial.

La realidad
productiva
Pero la realidad es una y deberá ser afrontada. La sequía que afecta a la soja y al maíz en el ciclo productivo 2017/18 implicará una caída del Producto Bruto Interno de más de US$ 4.600 millones para la economía argentina, de los cuales US$ 1.550 millones corresponden a pérdidas directas computables al sector productor. Así lo indicó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, a mediados de marzo.
Agrega el documento que los menores ingresos de los productores que trabajan a lo largo y a lo ancho del país redundarán en una menor masa de recursos hacia el resto de la economía, lo cual se traduce en una pérdida de ingreso nacional adicional de US$ 3.100 millones, una vez considerado el efecto multiplicador del gasto sobre la actividad económica nacional en su conjunto.
Considerando que el complejo agroindustrial sojero lidera las exportaciones argentinas, con 75% de la producción de soja procesada en cada campaña para producir harina y aceite, entre otros, destinados principalmente al mercado externo, en base al patrón de las últimas campañas las 15 Mt hubiesen podido incrementar el crushing 2017/18 en 11 Mt y el saldo exportable en 2,3 Mt para el poroto de soja, 1,5 millones para el aceite y 8 millones para la harina de soja.
A los valores de exportación actuales, ello significa que Argentina se perdió de obtener un ingreso de divisas total de US$ 5.200 millones.
Ese es el dato real. Y este desafío es el que está dispuesto a afrontar la cadena agroindustrial argentina.





 


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